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Paleoantropología

La paleoantropología es la rama de la antropología que estudia la evolución humana a partir del registro material: fósiles de homininos, huellas, herramientas de piedra, restos de fuego y de alimentación y, desde hace dos décadas, ADN y proteínas antiguas. Trabaja en la intersección de la anatomía comparada, la geología, la arqueología y la genética, y se distingue de la arqueología prehistórica en el objeto: la arqueología estudia comportamientos y culturas; la paleoantropología, el linaje.

Su cronología de hallazgos explica bien su método. El fósil fundacional es el neandertal del valle de Feldhofer, encontrado en 1856, tres años antes de El origen de las especies, cuando aún no existía el marco para interpretarlo. Eugène Dubois halló en Java en 1891 el primer Homo erectus; Raymond Dart describió en 1924 el niño de Taung, un Australopithecus africanus que trasladó por primera vez la cuna de la humanidad a África; la familia Leakey estableció desde los años cincuenta la secuencia de Olduvai en Tanzania; y en 1974 el equipo de Donald Johanson encontró en Hadar, Etiopía, el esqueleto parcial de Australopithecus afarensis conocido como Lucy, que demostró que el bipedismo es muy anterior al cerebro grande. Los últimos treinta años han añadido especies inesperadas: Ardipithecus ramidus (de 4,4 millones de años), Sahelanthropus tchadensis (de unos siete millones, en Chad, lejos del Rift), Homo floresiensis en Indonesia (2004), de un metro de estatura, y Homo naledi en Sudáfrica (2015), con centenares de restos en una cámara de difícil acceso.

Las técnicas de datación son la mitad del oficio, porque un fósil sin fecha no dice casi nada. La datación de potasio-argón y argón-argón fecha las capas volcánicas que emparedan los yacimientos del Rift; el carbono-14 solo alcanza unos cincuenta mil años; las series de uranio, la resonancia paramagnética electrónica y la luminiscencia cubren el tramo intermedio, y el paleomagnetismo y la bioestratigrafía sirven de control. Las herramientas de piedra tienen su propia secuencia, cuyo límite inferior conocido está en Lomekwi, en Kenia, con lascas de 3,3 millones de años, anteriores al género Homo.

La transformación más profunda del campo, sin embargo, es genética. El equipo de Svante Pääbo publicó en 2010 el primer borrador del genoma neandertal y, el mismo año, identificó a partir de un fragmento de falange de la cueva de Denísova, en Siberia, una población humana desconocida sin haber encontrado nunca su cráneo. La consecuencia ha sido un cambio de modelo: hoy sabemos que hubo mestizaje entre nuestros antepasados, neandertales y denisovanos, y que buena parte de las poblaciones actuales conserva porcentajes de su ADN. La paleoproteómica ha ampliado el alcance a fósiles demasiado antiguos o degradados para conservar ADN. Pääbo recibió el premio Nobel de Medicina en 2022, señal de que el estudio del origen humano dejó de ser una ciencia de museos para convertirse en una de laboratorio.

Dos cautelas acompañan a la disciplina. La primera es interna: la escasez del registro hace que un solo hallazgo pueda reordenar un árbol entero, y la propensión a describir cada fósil nuevo como especie nueva —frente a la posición contraria, que lo ve como variación dentro de una especie conocida— sigue siendo la discusión de fondo. La segunda es histórica: el estudio de los orígenes humanos nació enredado con la clasificación jerárquica de las poblaciones vivas, produjo fraudes célebres como el hombre de Piltdown, que se dio por bueno de 1912 a 1953, y sirvió de coartada científica al racismo. Ver Racismo científico y craniometría.

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Sarasola, Josemari (2025). "Paleoantropología". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/paleoantropologia/

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