Frankenstein o el moderno Prometeo, Mary Shelley: resumen por capítulos

Frankenstein o el moderno Prometeo se publicó anónimamente en Londres en enero de 1818, cuando su autora tenía veinte años. Es una novela epistolar de estructura concéntrica: un explorador escribe cartas a su hermana desde el Ártico; dentro de esas cartas cuenta la historia que le refiere un hombre al que rescata del hielo; y dentro de esa historia, el hombre reproduce el relato que le hizo la criatura que él mismo fabricó. Tres narradores encajados, y el del centro es el monstruo.

Son cuatro cartas y veinticuatro capítulos en la edición de 1831, que es la que traducen casi todas las ediciones españolas.

RESUMEN POR CAPÍTULOS

Cartas 1-4: el Ártico

Robert Walton, un inglés con dinero y ambición literaria frustrada, escribe a su hermana Margaret Saville desde San Petersburgo y luego desde Arcángel: ha fletado un barco para buscar el paso del noroeste y alcanzar el polo, y confiesa que lo que más echa de menos es un amigo con quien compartir el entusiasmo. El buque queda atrapado en el hielo. La tripulación divisa a lo lejos un trineo tirado por perros con una figura de estatura gigantesca, y a la mañana siguiente recogen a otro hombre a la deriva sobre un témpano, demacrado y helado. Walton lo cuida, se enamora de su conversación y le refiere sus propios planes; el desconocido, al oírle hablar de su ambición, le dice que él ha bebido de esa copa y ofrece contarle su historia para que le sirva de advertencia. Walton se compromete a escribirla.

Capítulos 1-5: la creación

Víctor Frankenstein es hijo de una familia acomodada de Ginebra. Su padre, Alphonse, recogió a su madre, Caroline, huérfana y arruinada. Cuando Víctor es niño, la familia adopta a Elizabeth Lavenza, una prima huérfana criada como hermana y prometida; su amigo de infancia es Henry Clerval, hijo de un comerciante y aficionado a los libros de caballerías. Víctor se apasiona por los alquimistas antiguos (Cornelio Agripa, Paracelso, Alberto Magno) hasta que un profesor le explica que aquello no es ciencia. A los diecisiete años, poco antes de partir a la universidad de Ingolstadt, su madre muere de escarlatina contraída al cuidar a Elizabeth. En Ingolstadt, el profesor Krempe se burla de sus lecturas y el profesor Waldman le abre la química moderna. En dos años Víctor domina la materia y descubre por su cuenta la causa de la generación de la vida; la novela no dice cómo, y él se niega a decírselo a Walton. Trabaja dos años más en secreto, en un desván, con materiales de los cementerios y de las salas de disección, sin escribir a su familia y descuidando la salud. Elige hacer la criatura de ocho pies de altura y de proporciones grandes porque el trabajo con partes pequeñas era más lento. Una noche de noviembre le da vida. En cuanto la ve moverse (los ojos amarillos y acuosos, la piel amarilla que apenas cubre los músculos, los dientes blancos y los labios negros) sale huyendo de la habitación, pasa la noche en el patio y a la mañana siguiente se encuentra a Clerval, que ha llegado a la ciudad. Al volver a casa, la criatura ya no está. Víctor cae enfermo varios meses y Clerval lo cuida sin saber nada.

Capítulos 6-8: Justine

Repuesto, Víctor recibe carta de Elizabeth con noticias de casa y proyecta volver a Ginebra con Clerval. Antes de partir llega una carta de su padre: su hermano pequeño, William, ha sido estrangulado en un paseo. Víctor viaja de inmediato; en una tormenta nocturna, en las faldas del Mont Blanc, ve entre los relámpagos la silueta de la criatura y sabe en ese instante quién ha matado al niño. En Ginebra se ha acusado del crimen a Justine Moritz, la criada de la casa, criada como una hija, en cuyo bolsillo se ha encontrado el medallón con el retrato de la madre que William llevaba puesto. Víctor no dice nada: se convence de que su relato pasaría por locura. Justine, presionada por su confesor, confiesa un crimen que no ha cometido y es ejecutada. Elizabeth había ido a declarar en su favor.

Capítulos 9-10: el encuentro en el glaciar

Víctor se retira a la montaña. En un valle del Mont Blanc, sobre el mar de hielo de Chamonix, la criatura se le acerca a grandes saltos y le pide que lo escuche. Habla un lenguaje culto y hace un reproche que la novela no desmiente: le recuerda que es su criatura y su obra, que debería ser su Adán y en cambio es un ángel caído; que él no ha buscado el mal, que fue benévolo y bueno, y que la desgracia lo hizo perverso. Le pide que cumpla su deber y lo oiga antes de juzgar. Víctor accede, y suben a una cabaña de pastores en el hielo.

Capítulos 11-16: el relato de la criatura

La criatura cuenta su vida desde el principio, y es la parte central del libro. Salió de la casa de Víctor sin lenguaje y sin distinguir sus propios sentidos; aprendió el frío, el hambre y el fuego por tanteo, y descubrió que la gente huía de él o le lanzaba piedras. Se instaló en un cobertizo adosado a la cabaña de la familia De Lacey, unos franceses exiliados y arruinados (el padre ciego, el hijo Félix y la hija Agatha), y durante meses los observó por una rendija. Con ellos aprendió a hablar y a leer, y aprendió además lo que era una familia y la pobreza: dejó de robarles comida al ver que pasaban hambre, y les despejaba de noche la nieve y les llevaba leña sin que supieran quién era. Encontró en el bosque una maleta con tres libros (Las vidas paralelas de Plutarco, Las desventuras del joven Werther y El paraíso perdido) y con ellos se formó una idea del mundo, de la política y de su propia condición; y encontró en el bolsillo del abrigo que se llevó los cuadernos de laboratorio de Víctor, por los que supo cómo fue hecho y quién lo hizo. Decidió presentarse: entró en la cabaña cuando el anciano ciego estaba solo, habló con él y fue bien recibido; y cuando volvieron los hijos, Agatha se desmayó, Félix lo golpeó con un palo y la familia se marchó de la comarca al día siguiente. Esa noche quemó la cabaña y decidió el odio. Camino de Ginebra salvó a una niña de morir en un río y el hombre que la acompañaba le disparó. En las afueras de la ciudad encontró a un niño hermoso que le dijo llamarse William Frankenstein, y lo estranguló; le quitó el medallón y lo puso en el bolsillo de una muchacha que dormía en un pajar, y explica por qué: porque ella podía tener lo que a él se le negaba. Su petición final es una sola: que Víctor le fabrique una compañera de su especie, con la que se retirará a los desiertos de Sudamérica y no volverá a ver a un ser humano.

Capítulos 17-20: la promesa y la ruptura

Víctor discute, se niega, y termina cediendo por dos razones que él mismo enuncia: que la criatura tiene derecho a una reparación y que su familia estará en peligro mientras no la obtenga. Vuelve a Ginebra, retrasa el trabajo, y su padre le propone adelantar la boda con Elizabeth; él pide un viaje a Inglaterra antes, con la excusa de visitar a filósofos naturales, y lo hace con Clerval, que no sabe nada. Recorren Londres, Oxford, Matlock, los lagos de Cumberland y Edimburgo; en Perth, Víctor deja a su amigo y se instala solo en una choza de una de las islas Orcadas para hacer el segundo cuerpo. Una noche, con el trabajo avanzado, levanta la vista y ve a la criatura mirándolo por la ventana con una sonrisa; se le ocurre entonces lo que no había pensado, que los dos podrían reproducirse y poblar la tierra de una raza que aterraría a la humanidad, y destroza la obra a pedazos delante de él. La criatura entra y le hace la promesa que da el título al capítulo siguiente: estará con él la noche de su boda. Víctor tira los restos al mar de noche; la corriente lo arrastra a la costa irlandesa, donde lo detienen por el asesinato de un hombre encontrado estrangulado en la playa la noche anterior. Es Clerval, con las marcas de dedos negras en el cuello. Víctor pasa dos meses en la cárcel delirando y sale absuelto porque se demuestra que estaba en las Orcadas.

Capítulos 21-24: la persecución

Víctor vuelve al continente con su padre y se casa con Elizabeth, decidido a esperar el ataque de la criatura contra él mismo. Pasan la noche de bodas en una posada del lago Como; él sale con una pistola a recorrer los pasillos, oye un grito y entra en la habitación: Elizabeth está muerta sobre la cama, estrangulada, y la criatura le señala el cuerpo desde la ventana antes de escapar por el lago. Alphonse Frankenstein muere de la impresión pocos días después. Víctor va al magistrado de Ginebra a contarlo todo y el hombre lo escucha con la incredulidad que él ya esperaba. Desde entonces la novela invierte los papeles: es Víctor quien persigue, por Europa, por Rusia, por la tundra, siguiendo pistas que su enemigo le deja a propósito (comida, mensajes grabados en la corteza y en la piedra, burlas escritas) para que no abandone. Le sigue el rastro por el hielo hasta que un deshielo rompe la placa y lo deja a la deriva, y es entonces cuando lo recoge el barco de Walton. Terminado el relato, Víctor pide a Walton que remate la tarea si él muere, y muere en el camarote. Los hombres del barco, atrapados en el hielo, exigen a Walton que dé la vuelta si logran salir, y él, contra su ambición, cede. Esa noche Walton oye una voz en el camarote del muerto y entra: la criatura está inclinada sobre el cuerpo. Es la única página del libro en que el creador y su obra son vistos juntos por un tercero. La criatura hace su descargo: que su remordimiento es mayor que el de cualquier hombre, que amó la virtud y solo encontró rechazo, y que ya no queda nadie a quien pueda pedir nada. Anuncia que construirá una pira en el hielo del norte y se quemará en ella para que nadie repita el experimento con sus restos, salta por la ventana a un témpano y se pierde en la oscuridad.

LA OBRA Y SU LECTURA

Casi todo lo que la cultura popular asocia a esta historia no está en el libro. La criatura no se llama Frankenstein, que es el apellido de quien la hizo; no es muda ni torpe, sino elocuente y capaz de argumentar mejor que su creador; no hay ayudante jorobado ni laboratorio con generadores; no hay rayo ni la palabra «vive»; y no se explica en ninguna página cómo se le dio la vida, porque Víctor se niega expresamente a decirlo. La electricidad aparece en la novela dos veces y de pasada. Todo lo demás (los electrodos del cuello, la torre, el «It’s alive!») viene de la película de James Whale de 1931 y de la obra de teatro de Peggy Webling en que se basó.

Con eso a la vista, la pregunta moral del libro cambia de sitio. El pecado de Víctor no es fabricar un ser vivo: es abandonarlo. La criatura nace neutra, aprende a hablar leyendo a Milton y a Plutarco, ayuda a una familia pobre sin que lo sepan y salva a una niña de un río, y solo mata después de haber sido apaleada por la única familia a la que se atrevió a acercarse. El texto lo dice con toda claridad en el glaciar: «era bueno y benévolo; el sufrimiento me hizo un demonio». Leerlo como una advertencia contra la soberbia científica, que es la lectura escolar, deja fuera la mitad: es también, y sobre todo, un libro sobre lo que ocurre cuando se trae a alguien al mundo y no se responde de él. El subtítulo apunta a lo primero, Prometeo castigado por robar el fuego; el epígrafe apunta a lo segundo, y es un verso del Paraíso perdido en el que Adán pregunta a su creador si le pidió él ser hecho de barro.

Sobre el origen del libro conviene distinguir el dato de la anécdota. El dato es que se escribió a partir de un desafío en Villa Diodati, junto al lago de Ginebra, en el verano sin verano de 1816, oscurecido en toda Europa por la erupción del Tambora, donde Byron propuso a sus invitados escribir cada uno un relato de fantasmas; de esa misma reunión salió El vampiro de John Polidori. Mary Godwin tenía dieciocho años y ya había perdido una hija recién nacida. La primera edición de 1818 salió anónima, con un prefacio escrito por Percy Shelley, y muchos lectores lo atribuyeron a él; el nombre de la autora apareció en la edición francesa de 1823. La anécdota discutible es la del sueño: en su introducción de 1831, Mary Shelley cuenta que vio en una visión al estudiante arrodillado junto a la cosa que había armado, y esa introducción es también donde ella misma revisó el texto para atenuar el anticlericalismo y la responsabilidad de Víctor, de modo que la edición más leída es la menos radical de las dos. Quien quiera el libro que escribió con veinte años tiene que buscar el de 1818.

Redacción de Ikusmira (2026). "Frankenstein o el moderno Prometeo, Mary Shelley: resumen por capítulos". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/resumenes/frankenstein/