El sfumato es la técnica pictórica que suprime el contorno y hace pasar una forma a otra por gradación insensible, sin línea ni corte. La palabra italiana significa esfumado, evaporado como el humo, y es Leonardo quien la formula como principio: en sus notas recomienda que las figuras «no se terminen agudamente», porque en la naturaleza los bordes no son líneas, y sostiene que la sombra y la luz deben unirse «a modo de humo» o de niebla. Es a la vez un procedimiento material, una teoría de la percepción y una decisión sobre qué debe hacer una pintura.
Como procedimiento, el sfumato depende de la pintura al óleo y de un modo concreto de usarla: capas muy delgadas y translúcidas de pigmento en mucho aglutinante, aplicadas una sobre otra y dejadas secar, de manera que el color final no está mezclado en la paleta sino compuesto por la superposición óptica de veladuras. El análisis no invasivo de las obras de Leonardo por fluorescencia de rayos X en el Louvre ha permitido estimar, en las carnaciones de los rostros, decenas de capas sucesivas cuyo grosor conjunto no llega a unas pocas decenas de micras: menos que un cabello. Esa es la razón física de que las transiciones no tengan borde detectable, y también de que sean prácticamente irreproducibles al temple o al fresco, donde el material seca demasiado rápido para tantas pasadas. El claroscuro modela el volumen con luz y sombra; el sfumato se ocupa de la unión entre ambas, y por eso puede coexistir con él en el mismo cuadro.

Como teoría de la percepción, el sfumato es la parte visible de una idea que Leonardo desarrolla en varios frentes. Sostiene que el ojo no recibe contornos sino gradientes, y que un borde nítido es una convención del dibujante; de ahí que critique a los pintores que perfilan las figuras como si estuvieran recortadas. La misma observación le lleva a la perspectiva aérea, la constatación de que el aire interpuesto reduce el contraste y desplaza el color de los objetos lejanos hacia el azul, y a la atención a lo que hoy llamaríamos visión periférica: el hecho de que una forma sin borde definido admite más de una lectura y cambia según cómo se mire. El caso más comentado es la sonrisa de la Gioconda, cuya inestabilidad ha sido explicada por estudios de percepción como un efecto de que la información que sugiere la sonrisa está en frecuencias espaciales bajas, es decir en la mancha borrosa y no en el detalle. Leonardo no disponía de esa formulación, pero estaba trabajando exactamente ese fenómeno.
Como decisión estética, el sfumato es lo contrario de la línea florentina que Leonardo había aprendido. La pintura del Quattrocento —y de forma programática la de Botticelli o el dibujo de Ghirlandaio— resuelve la figura por contorno; el escorzo, la anatomía y la perspectiva se construyen sobre una estructura lineal. Renunciar al contorno significa renunciar a la nitidez como valor y aceptar la ambigüedad como resultado, lo que en el siglo XVI se leyó tanto como una conquista de la naturalidad cuanto como una vaguedad sospechosa. La disputa entre dibujo y color que ocupó a la crítica italiana durante dos siglos tiene aquí uno de sus puntos de partida, y la difusión posterior del recurso —Giorgione y el tono unificado veneciano, Correggio, y por otra vía los retratos de Rafael— muestra que la cuestión no era técnica sino de qué se considera acabado.
Hay dos advertencias que hacer. La primera es que el sfumato que hoy vemos está mediado por el tiempo: los barnices amarillean, las veladuras se han visto afectadas por limpiezas antiguas, y una parte de la atmósfera dorada que asociamos a estas obras es un efecto del envejecimiento y no una intención. La comparación entre las dos versiones de La Virgen de las rocas, una en París y otra en Londres, es útil precisamente porque muestra cuánto cambia el mismo procedimiento según el estado de conservación. La segunda es que el término se usa hoy con mucha soltura para nombrar cualquier transición suave o cualquier fondo desenfocado, hasta el punto de aplicarse al desenfoque de una fotografía o al filtro de un programa de retoque. La analogía es tentadora pero engaña en lo esencial: el desenfoque fotográfico procede de la profundidad de campo y afecta a un plano entero por igual, mientras que el sfumato es una decisión selectiva, aplicada borde a borde por quien decide dónde la forma debe volverse dudosa. Lo primero es una propiedad de la óptica; lo segundo, un juicio.
Claroscuro – Tenebrismo – Perspectiva (arte) – Gama cromática – Plasticidad