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Los Nuer: el linaje y el buey

Los Nuer son un pueblo ganadero del alto Nilo, hoy repartido entre Sudán del Sur y Etiopía, y son también el caso de estudio con el que E. E. Evans-Pritchard fundó la antropología política moderna. Su monografía The Nuer (1940) plantea una pregunta que ninguna teoría del Estado sabía contestar: cómo mantiene el orden una población de unos doscientos mil individuos que no tiene jefes con poder coercitivo, ni tribunales, ni policía, ni recaudación, y que sin embargo no vive en guerra permanente. La respuesta —un sistema de linajes que se divide y se recompone según con quién haya conflicto— se enseñó durante cuarenta años como el modelo de la «anarquía ordenada», y llevó otros cuarenta discutiéndose.

Conviene empezar por cómo llegó el libro a existir, porque el propio autor no lo escondió del todo. Evans-Pritchard no eligió a los nuer: el gobierno del Sudán anglo-egipcio, que financiaba su trabajo, lo redirigió hacia ellos después de las operaciones militares de 1928-1930 conocidas como el «Nuer Settlement», el arreglo de los nuer, que bombardearon poblados, confiscaron ganado y capturaron a los profetas que dirigían la resistencia. Llegó, por tanto, como el antropólogo del ejército que acababa de someter a sus anfitriones, y fue recibido en consecuencia: cinco visitas breves entre 1930 y 1936, unos doce meses en total, con informantes que se negaban a hablar y una hostilidad que él mismo bautizó, medio en broma, «nuerosis». La ironía metodológica es notable: el texto más ordenado y más geométrico de la etnografía británica salió del trabajo de campo peor acogido.

Fotografía de un hombre nuer de pie junto a su buey, sujetándolo con una cuerda, en una llanura
Fig. 1 Un hombre nuer con su buey, fotografiado por Evans-Pritchard en 1936. En la iniciación, el muchacho recibe un buey y toma de él su nombre: el animal, sus cuernos, su color y su capa se convierten en la manera pública de nombrarlo, cantarlo y celebrarlo. Que la fotografía la tomara el propio etnógrafo no es un detalle menor — la mayor parte del registro visual del alto Nilo de esos años lo hicieron administradores y militares.E. E. Evans-Pritchard · 1936 · Dominio público · Wikimedia Commons

El ganado lo explica casi todo, y no por determinismo económico. El vacuno es alimento, moneda, dote, sacrificio y vocabulario. Un matrimonio se cierra con la entrega de varias decenas de cabezas repartidas entre los parientes de la novia, de manera que cada boda redistribuye ganado por media comarca y cada divorcio obliga a deshacer el reparto. Los sacrificios que resuelven una enfermedad, una falta o una impureza también se pagan en ganado. Y sobre todo el ganado es la lengua en la que se habla de las personas: en la iniciación cada muchacho recibe un buey y adopta su nombre de buey, con el que se le canta y se le desafía; los colores y las manchas de las capas forman un léxico con centenares de términos; una discusión sobre parentesco es, en la práctica, una discusión sobre quién dio qué vaca a quién. Evans-Pritchard lo resumió advirtiendo que quien quiera entender un pleito nuer haría bien en buscar primero la vaca.

De la ganadería sale también la forma del año, y de ahí uno de los capítulos más influyentes del libro. En la estación de lluvias las aldeas se retiran a lomas y montículos por encima de la inundación; en la seca la gente baja con los rebaños a los campamentos junto al río. Ese vaivén organiza el tiempo cotidiano en lo que Evans-Pritchard llamó tiempo ecológico: los meses no son unidades abstractas sino tareas —desbrozar, trasladarse, pescar, volver—. Junto a él describió un segundo registro, el tiempo estructural, que mide la distancia entre grupos y no la duración: la profundidad genealógica no pasa de diez o doce generaciones, y lo llamativo es que no crece. A medida que nacen generaciones nuevas, el extremo antiguo del árbol se olvida y la distancia al antepasado fundador permanece constante — lo que los comentaristas posteriores llamaron amnesia estructural. El tiempo nuer, concluía, no es una línea que se alarga: es un espacio de posiciones.

Mapa de Sudán del Sur con el área de asentamiento nuer sombreada en torno al Nilo y el Sobat
Fig. 2 El país nuer en el mapa actual de Sudán del Sur, entre el Nilo Blanco, el Bahr el Ghazal y el Sobat. La expansión hacia el este y el sur a costa de los dinka durante el siglo XIX, que Raymond Kelly reconstruyó en 1985, es parte del mismo sistema de linajes que Evans-Pritchard describió como un mecanismo de equilibrio: segmentar y fusionarse también sirve para conquistar.Leviavery · 2020 · CC0 (dominio público) · Wikimedia Commons

El corazón teórico es el linaje segmentario. Cada linaje se divide en ramas, y cada rama en ramas menores, hasta el nivel de las familias; el rasgo del sistema es que la unidad relevante no está fijada, sino que la define el adversario. Dos segmentos menores enfrentados entre sí se unen sin dificultad frente a un segmento del nivel inmediatamente superior, y ese conjunto se une a su vez frente a otra tribu. Evans-Pritchard llamó a esto relatividad estructural: nadie pertenece a un grupo, sino a una serie de grupos encajados que se activan por oposición. Del principio se sigue una teoría del conflicto: la venganza de sangre no es un desorden, es el mecanismo que mantiene la escala. Entre parientes próximos una muerte se compensa rápido, y a mayor distancia genealógica la reparación es más difícil y la hostilidad más duradera. Quien media es el jefe de la piel de leopardo, un especialista ritual que ofrece asilo al homicida, negocia el ganado de la compensación y presiona a las partes — pero que no manda: no tiene fuerza para imponer un acuerdo, solo autoridad para hacerlo posible. Marshall Sahlins añadió en 1961 la consecuencia que faltaba: un sistema así no solo se equilibra, también se expande, porque permite reunir a mucha gente para un ataque y disolver la coalición al terminar.

La crítica, cuando llegó, fue demoledora en un punto concreto: el modelo describe cómo hablan los nuer de sus grupos, no cómo viven. Los datos del propio libro muestran que en muchos poblados solo una minoría de los residentes pertenece por vía paterna al linaje dominante; los demás son parientes por matrimonio, refugiados, dinka incorporados o vecinos sin más. Adam Kuper sostuvo en 1982 que la teoría del linaje había construido un objeto que no existía sobre el terreno y que convenía retirarla; Raymond Kelly mostró que la expansión nuer del siglo XIX a costa de los dinka —con captura de personas que después se volvían nuer— era un proceso histórico concreto, no la aplicación de un principio atemporal. Douglas Johnson documentó lo que la monografía apenas menciona: los profetas nuer, figuras de autoridad supralinajística que dirigieron la resistencia contra el gobierno y a los que las columnas de 1928-1930 iban a buscar. Un modelo de sociedad sin líderes tenía un problema evidente con los líderes que el ejército acababa de perseguir. Y Renato Rosaldo, en Writing Culture (1986), leyó el famoso arranque del libro como pieza retórica: el etnógrafo que escribe desde la puerta de su tienda construye una autoridad de observador sereno que su propia experiencia contradice.

Lo que queda no es poco. Sharon Hutchinson volvió al país nuer en los años ochenta y noventa y encontró el sistema vivo pero traducido: hay «dinero de vaca» y «dinero de trabajo», categorías que separan lo que puede convertirse en parentesco de lo que no; hay armas automáticas, iglesias, funcionarios y guerra civil. El vocabulario del ganado sigue midiendo las relaciones, pero el Estado y el mercado ya están dentro de él. Y la lección analítica del libro de 1940 sobrevive a la caída de su modelo: que el orden puede producirse sin nadie que lo imponga, por el simple hecho de que cada conflicto convoca a la vez a los aliados y a los enemigos de escala equivalente. La objeción histórica es que esa maquinaria, cuando se la mira de cerca, tiene siempre fechas, cadáveres y una administración colonial en el margen del encuadre.

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Fuentes

  1. E. E. Evans-PritchardThe Nuer: A Description of the Modes of Livelihood and Political Institutions of a Nilotic PeopleClarendon Press1940
  2. Marshall D. SahlinsThe Segmentary Lineage: An Organization of Predatory ExpansionAmerican Anthropologist, 63(2)1961
  3. Adam KuperLineage Theory: A Critical RetrospectAnnual Review of Anthropology, 111982
  4. Raymond C. KellyThe Nuer Conquest: The Structure and Development of an Expansionist SystemUniversity of Michigan Press1985
  5. Renato RosaldoFrom the Door of His Tent: The Fieldworker and the Inquisitoren Writing Culture, University of California Press1986
  6. Douglas H. JohnsonNuer Prophets: A History of Prophecy from the Upper Nile in the Nineteenth and Twentieth CenturiesClarendon Press1994
  7. Sharon E. HutchinsonNuer Dilemmas: Coping with Money, War, and the StateUniversity of California Press1996
Sarasola, Josemari (2026). "Los Nuer: el linaje y el buey". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/los-nuer-el-linaje-y-el-buey/

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