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La división del trabajo en Adam Smith

La división del trabajo es, en el arranque de La riqueza de las naciones (1776), la causa primera de la prosperidad: Adam Smith abre el libro afirmando que el mayor progreso en la capacidad productiva del trabajo se debe a ella, y lo demuestra con el ejemplo más citado de la historia de la economía, la fábrica de alfileres. Un operario solo y sin adiestrar apenas haría un alfiler al día, y desde luego no veinte; pero el oficio está dividido en unas dieciocho operaciones —estirar el alambre, enderezarlo, cortarlo, afilarlo, esmerilar la punta contraria, hacer la cabeza, colocarla, blanquear, clavar en el papel—, y Smith describe una manufactura pequeña donde diez hombres, repartiéndose esas tareas, producían unas 48.000 unidades diarias: cuatro mil ochocientas por cabeza contra las veinte del artesano completo, una multiplicación de la productividad de tres órdenes de magnitud sin añadir un solo recurso.

Lámina de la Encyclopédie con el taller del alfilerero: obreros ante ruedas de estirar alambre y bancos de trabajo, y debajo el despiece de las herramientas
Fig. 1 «Épinglier», lámina de la Encyclopédie (dibujo de Goussier, grabado de Defehrt, 1762): arriba el taller —las ruedas de estirar el alambre, los bancos, cada operario en su operación—, debajo el despiece de las herramientas. Esta literatura técnica francesa es la fuente documentada del ejemplo de Smith, que combinó varias descripciones sin haber pisado, probablemente, ninguna alfilerería.Goussier (dibujo) y Defehrt (grabado) · 1762 · Dominio público · Wikimedia Commons

Smith da tres razones. La destreza de cada operario crece cuando su tarea se reduce a un gesto; se ahorra el tiempo —y el desgaste de atención, precisa— que se pierde al pasar de una ocupación a otra; y la concentración en una operación simple facilita inventar la máquina que la ejecute, invención que Smith atribuye en parte a los propios obreros. A esto añade dos tesis que hacen del capítulo algo más que un elogio de la fábrica. La primera: la división del trabajo no nace de ninguna sabiduría planificadora sino de la propensión humana a trocar y permutar — nadie la diseñó, es un orden de mercado emergente. La segunda, en el capítulo tercero, es el teorema que la economía tardó siglo y medio en tomarse en serio: la división del trabajo está limitada por la extensión del mercado. Nadie se especializa en hacer cabezas de alfiler para una aldea; hace falta demanda suficiente —ciudades, ríos navegables, comercio exterior— para que la especialización compense. Allyn Young lo convirtió en 1928 en una teoría dinámica del crecimiento (la división del trabajo amplía el mercado, que permite más división: rendimientos crecientes acumulativos), y George Stigler lo usó en 1951 para explicar qué funciones integra una empresa y cuáles compra fuera — el ejemplo de 1776 sigue trabajando dentro de la teoría de la empresa y del comercio internacional.

Portada tipográfica de la primera edición de An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations, Londres, 1776
Fig. 2 Portada de la primera edición (Londres, 1776). El título completo es el programa: una indagación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones — y la respuesta del capítulo primero es que la primera causa no es la tierra ni el oro, sino cómo se reparte el trabajo.W. Strahan y T. Cadell (impresores) · 1776 · Dominio público · Wikimedia Commons

El ejemplo, por cierto, no era suyo, y el detalle importa menos como reproche que como radiografía de cómo se escribía la ciencia entonces. La alfilerería era el caso canónico de la literatura técnica francesa: el artículo «Épingle» de la Encyclopédie (1755) enumera dieciocho operaciones, y las láminas de Duhamel du Monceau y la propia enciclopedia dibujan el taller banco a banco. Jean-Louis Peaucelle mostró que Smith combinó varias fuentes francesas —con sus cifras no siempre compatibles— y que probablemente nunca pisó la manufactura «pequeña» que dice haber visto; los talleres reales de Normandía dividían el trabajo con más finura aún que su relato. La cifra redonda de 48.000, en cambio, resistió sorprendentemente bien las verificaciones posteriores.

La otra mitad del argumento se le suele amputar. En el libro V, el mismo Smith escribe que el hombre cuya vida entera se gasta en ejecutar unas pocas operaciones simples «se vuelve todo lo estúpido e ignorante que puede volverse una criatura humana»: la división del trabajo, dejada a sí misma, mutila las capacidades intelectuales, sociales y marciales del grueso de la población, y por eso el Estado debe costear la instrucción elemental. El padre del ejemplo de los alfileres es también el primer teórico de sus daños, medio siglo antes de que Marx hiciera de esa mutilación el núcleo de la alienación y de que Durkheim preguntara qué solidaridad puede sostener una sociedad de especialistas. La lectura ingenua del capítulo I y la lectura sombría del libro V son el mismo autor, y citarlo entero es la vacuna contra su uso como pura apología.

Retrato al óleo de Adam Smith de perfil, el llamado retrato Muir
Fig. 3 El «retrato Muir» de Adam Smith, de autoría desconocida (c. 1800). Smith apenas posó en vida —se quejaba de su propia cara— y casi toda su iconografía deriva de los medallones que James Tassie modeló en 1787, así que el rostro más reproducido de la economía es, en buena parte, reconstrucción.Autoría desconocida · 1800 · Dominio público · Wikimedia Commons

Conviene también situar el capítulo dentro de su autor, porque el Smith de los alfileres es medio Smith. Su primer libro, La teoría de los sentimientos morales (1759), funda la conducta humana en la simpatía y en el espectador imparcial, no en el interés; la tensión entre ambos libros dio nombre en el XIX a todo un rompecabezas académico —das Adam-Smith-Problem— que la lectura moderna considera mal planteado: el interés propio de La riqueza de las naciones opera dentro de un marco moral e institucional que el otro libro describe, y el propio pasaje del carnicero y el panadero habla de persuadir apelando al interés ajeno, no de egoísmo. La célebre mano invisible, por lo demás, aparece una sola vez en cada libro, con sentidos distintos, y su promoción a emblema de la autorregulación de los mercados es obra del siglo XX, no de Smith. La fábrica de alfileres, en cambio, sí llegó a emblema con todos los honores: el Banco de Inglaterra la grabó en el billete de veinte libras (2007-2020), con los operarios en fila y la cifra de producción — probablemente la única vez que un banco central ha puesto en circulación, literalmente, un párrafo de teoría económica.

Charles Babbage añadió en 1832 la vuelta de tuerca que Smith no vio y que la organización industrial explotó a fondo: dividir una tarea no solo hace más hábil al operario — permite comprar cada porción de destreza por separado, pagando el precio exacto de la cualificación que cada operación exige en lugar del precio del oficial completo. Ese «principio de Babbage» es la lógica económica de la descualificación: dividir para abaratar, no solo para acelerar. Harry Braverman lo situó en 1974 en el centro de su análisis del taylorismo — la gerencia científica como expropiación sistemática del saber del oficio, su monopolio en la oficina técnica y su devolución al taller en forma de instrucciones — y la sociología del trabajo discute desde entonces, con el fantasma de Smith al fondo, cada oleada de automatización con el mismo esquema: qué parte del oficio se divide, quién se queda el saber dividido y qué le queda al que ejecuta. Que la pregunta siga abierta con los algoritmos como capataces da la medida de cuánto cabía en un taller de alfileres.

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Fuentes

  1. Adam SmithAn Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of NationsW. Strahan y T. Cadell1776
  2. Alexandre Deleyre y otrosÉpingle, en «Encyclopédie ou Dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers», t. VBriasson, David, Le Breton y Durand1755
  3. Charles BabbageOn the Economy of Machinery and ManufacturesCharles Knight1832
  4. Allyn A. YoungIncreasing Returns and Economic ProgressThe Economic Journal1928
  5. George J. StiglerThe Division of Labor is Limited by the Extent of the MarketJournal of Political Economy1951
  6. Harry BravermanLabor and Monopoly Capital: The Degradation of Work in the Twentieth CenturyMonthly Review Press1974
  7. Jean-Louis PeaucelleAdam Smith's use of multiple references for his pin making exampleThe European Journal of the History of Economic Thought2006
Sarasola, Josemari (2026). "La división del trabajo en Adam Smith". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/la-division-del-trabajo-en-adam-smith/

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