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Historia de la sexología

La sexología es el estudio científico de la sexualidad humana, y como disciplina con nombre propio no llega a siglo y medio de existencia. Su historia interesa por una razón que va más allá de la curiosidad: es un caso especialmente claro de cómo el marco conceptual desde el que se estudia un fenómeno decide qué se ve en él, y de cómo las categorías científicas pasan a la ley, a la medicina y al lenguaje corriente con consecuencias sobre la vida de las personas clasificadas.

El punto de partida está en la psiquiatría alemana y austriaca de finales del siglo XIX, que abordó la conducta sexual con el instrumental de la medicina de la época: la observación clínica y la clasificación de patologías. La obra emblemática es Psychopathia sexualis, de Richard von Krafft-Ebing (1886), un catálogo de casos que fijó buena parte del vocabulario todavía en uso —incluidos varios términos formados sobre nombres de novelistas— y que, junto con el trabajo de Karl Westphal y otros, estableció el esquema dominante: la variación sexual como enfermedad congénita. Ese esquema tenía una consecuencia doble y ambigua. Por un lado patologizaba lo que hasta entonces se juzgaba como pecado o delito; por otro, y precisamente por eso, sirvió de argumento a los primeros movimientos de despenalización, que sostenían que no se castiga a un enfermo. La transición de pecado a enfermedad no fue una liberación, fue un cambio de jurisdicción.

Fotografía de 1933 en la que se vacía la biblioteca del Instituto de Ciencia Sexual de Berlín antes de la quema de libros
Fig. 1 Berlín, 6 de mayo de 1933: el saqueo de la biblioteca del Institut für Sexualwissenschaft. Los fondos —unos veinte mil volúmenes y decenas de miles de fotografías y expedientes reunidos durante catorce años— acabaron en la quema pública de libros de cuatro días después. Con ellos desapareció el primer archivo empírico sobre sexualidad humana que había existido, y la disciplina tuvo que reconstruirse desde cero al otro lado del Atlántico.Bundesarchiv / autoría desconocida · 1933 · Dominio público · Wikimedia Commons

La primera institución dedicada al asunto fue el Institut für Sexualwissenschaft, que Magnus Hirschfeld fundó en Berlín en 1919. Hirschfeld combinó investigación, atención clínica, asesoramiento matrimonial y activismo político: hizo campaña durante décadas contra el párrafo 215 del código penal alemán que criminalizaba la homosexualidad, realizó encuestas a gran escala —de las primeras de la historia de las ciencias sociales— y atendió a personas trans a las que acompañó en los primeros procesos documentados de reasignación. El instituto fue asaltado y su biblioteca destruida en mayo de 1933, cuatro meses después de la llegada de los nazis al poder, y Hirschfeld murió en el exilio en 1935. La destrucción no fue solo material: interrumpió una tradición de investigación y borró un archivo irrepetible, de modo que la sexología posterior tuvo que empezar de nuevo sin apenas memoria de lo que se había hecho antes.

Ese nuevo comienzo fue estadounidense y estadístico. Alfred Kinsey, entomólogo de formación, aplicó a la conducta sexual humana el método que había usado con las avispas: recoger un número enorme de casos y describir la variación. Los dos volúmenes de 1948 y 1953 —los informes Kinsey— no proponían una teoría, presentaban frecuencias, y su efecto fue devastador para la idea de normalidad de la época: si una conducta considerada rarísima aparecía en una fracción sustancial de los entrevistados, la frontera entre lo normal y lo desviado dejaba de ser un hecho natural. En 1966, William Masters y Virginia Johnson publicaron Human Sexual Response, que sustituyó el cuestionario por la medición fisiológica en laboratorio y describió el ciclo de respuesta sexual. Con ellos la sexología adquirió una segunda vertiente, clínica y terapéutica, dedicada al tratamiento de las disfunciones.

La consolidación institucional llegó después: sociedades científicas nacionales e internacionales, revistas con revisión por pares, formación reglada, y el reconocimiento por la Organización Mundial de la Salud de la salud sexual como componente de la salud, definida en positivo y no como ausencia de enfermedad. Paralelamente se produjo el movimiento inverso al del siglo XIX, la despatologización: la Asociación Estadounidense de Psiquiatría retiró la homosexualidad de su manual diagnóstico en 1973, la OMS lo hizo en 1990, y la clasificación internacional de enfermedades de 2019 sacó la transexualidad del capítulo de trastornos mentales y la reformuló como incongruencia de género en un capítulo de salud sexual. Cada uno de esos pasos fue una decisión de comité, adoptada bajo presión política y científica, y ese hecho —que las categorías diagnósticas se votan— es probablemente la lección metodológica más importante que ofrece la historia de la disciplina.

Conviene señalar sus problemas persistentes, porque son de método y no de ideología. El primero es el sesgo de muestreo: los estudios sobre sexualidad dependen de la participación voluntaria y del autoinforme sobre conductas socialmente sancionadas, con lo que quien acepta responder no representa a quien no acepta, y lo que se declara no coincide con lo que se hace. Es un caso de manual de muestra sesgada y afecta desde Kinsey hasta las encuestas actuales. El segundo es el etnocentrismo: la disciplina se construyó con datos europeos y norteamericanos y con categorías que las lenguas y culturas de esos países proporcionaban, y su generalización a otras sociedades ha requerido correcciones importantes por parte de la antropología —el propio concepto de orientación sexual, entendido como identidad estable, no es traducible a muchos contextos—. El tercero es el peso de la financiación y de la respetabilidad: hay áreas poco estudiadas no por falta de interés científico sino porque solicitar fondos para investigarlas ha sido durante décadas un riesgo profesional.

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Sarasola, Josemari (2026). "Historia de la sexología". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/historia-de-la-sexologia/

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