5 min
Editar

Estratigrafía arqueológica

La estratigrafía arqueológica es el estudio de la disposición y las relaciones de las capas y estructuras que componen un yacimiento, con el fin de establecer el orden en que se formaron. Es el método que permite convertir un montón de tierra y piedras en una secuencia temporal, y por tanto la operación fundamental de la disciplina: sin ella, una excavación produce objetos sin fecha relativa y por tanto sin historia.

El principio de partida se toma prestado de la geología. La ley de superposición formulada por Nicolas Steno en 1669 sostiene que, en una serie de estratos no alterada, cada capa es más reciente que la que tiene debajo y más antigua que la que tiene encima. Aplicada al nivel arqueológico, la ley da la cronología relativa de todo lo que contiene, y a partir de esa cronología se puede construir la de un yacimiento completo. Pero la traducción de la geología a la arqueología no es directa, y darse cuenta de eso tardó siglo y medio. Los estratos geológicos se depositan por procesos lentos, regulares y de gran extensión; los arqueológicos son el resultado de la actividad humana, que es rápida, local y sobre todo destructiva. Los humanos no solo acumulan: cavan zanjas, abren fosas, construyen cimientos, vacían silos, roban piedra de un muro para levantar otro. Cada una de esas acciones elimina parte del registro anterior y crea una superficie nueva.

Corte teórico grabado de los terrenos del bassin de Paris, con las capas rotuladas y sus fósiles característicos
Fig. 1 Coupe théorique des divers terrains… du bassin de Paris, de Georges Cuvier y Alexandre Brongniart (1811). Es el modelo que la arqueología heredó: capas continuas, horizontales, cada una con su fauna característica, apiladas por procesos lentos. La diferencia con un yacimiento es que aquí nadie ha cavado una fosa, robado piedra de un muro ni levantado un cimiento atravesando cuatro capas.Georges Cuvier y Alexandre Brongniart · 1811 · Dominio público · Wikimedia Commons

De ahí la aportación decisiva de la arqueología a su método propio. En 1979, Edward Harris formuló en Principles of Archaeological Stratigraphy un cuerpo de leyes que reconoce esa diferencia y añade a la superposición tres principios más: el de posición original —un depósito no consolidado tiende a formar bordes con los lados inclinados, de modo que una capa que termina en corte vertical ha sido cortada—, el de continuidad original —un depósito tuvo bordes originales, y si hoy aparece interrumpido es porque algo lo interrumpió— y el de sucesión estratigráfica, que establece que la posición de una unidad en la secuencia queda definida únicamente por su relación con la unidad inmediatamente anterior y la inmediatamente posterior, y no con todas las demás. Con ellas, Harris introdujo dos ideas que reorganizaron la práctica de campo.

La primera es que la interfaz es una unidad estratigráfica de pleno derecho. Una fosa no es solo el relleno que contiene: es también la superficie que se excavó para hacerla, que no tiene volumen ni materia pero sí una posición en la secuencia y una fecha. Una superficie de suelo pisado, la cara de un muro, el corte de una zanja de saqueo, la erosión de una capa a la intemperie: todo eso son interfaces, y su reconocimiento resuelve el viejo problema de la excavación que solo sabía describir lo que tenía sustancia. La segunda idea es la matriz de Harris, un diagrama que representa la secuencia como un grafo dirigido en el que cada unidad ocupa un nodo y cada relación estratigráfica una arista, prescindiendo del grosor de las capas y de la distancia entre ellas. El diagrama recoge solo lo que está demostrado por contacto físico, evita las relaciones redundantes y hace visibles de inmediato dos cosas que la sección dibujada esconde: las contradicciones lógicas —un circuito cerrado en el grafo señala un error de interpretación— y las unidades cuya posición relativa no está determinada. Es hoy el instrumento estándar de registro en excavación urbana, donde un solar puede contener dos mil unidades estratigráficas y ninguna sección legible.

La estratigrafía convive con un conjunto de problemas que la ley de superposición sola no resuelve, y conocerlos es lo que separa la lectura correcta de la ingenua. La inversión estratigráfica aparece cuando el material excavado de un hoyo se amontona al lado y luego se redeposita: las capas del montón quedan en orden invertido, y lo que estaba abajo aparece arriba. La intrusión coloca material reciente en un nivel antiguo, ya sea por una madriguera, por una raíz, por el arado o por un enterramiento posterior; el conjunto de estos fenómenos son los procesos postdeposicionales, y su identificación es previa a cualquier interpretación. Y está el problema del material residual: en un relleno del siglo XIV puede haber más cerámica romana que medieval si el relleno se hizo con tierra removida de un nivel romano. La regla práctica que se deriva de ello es que un estrato no se fecha por el objeto más antiguo que contiene sino por el más reciente, porque el conjunto no puede haberse depositado antes de que existiera su pieza más moderna. Se le llama fechar por el terminus post quem, y es una de las inferencias más elegantes del método arqueológico: no dice cuándo se formó la capa, dice desde cuándo pudo formarse.

Conviene por último señalar el coste del método. La excavación estratigráfica exige retirar el yacimiento en el orden inverso al de su formación, unidad por unidad, y eso significa que excavar es destruir: el registro escrito, dibujado y fotografiado es lo único que quedará, porque la secuencia física no se puede reconstruir. De ahí la insistencia contemporánea en la documentación exhaustiva —fotogrametría, modelos tridimensionales de cada superficie, registro digital de cada unidad— y de ahí también el argumento a favor de dejar sin excavar parte de todo yacimiento, para que las preguntas que aún no sabemos formular encuentren materia intacta. La discusión no es técnica sino ética, y ha desplazado el prestigio profesional desde la excavación total de los grandes proyectos del siglo XX hacia la intervención mínima y la conservación preventiva.

Nivel arqueológicoContexto arqueológicoProcesos postdeposicionalesDatación por radiocarbonoLa peste negra (1347-1353)Troya y Heinrich Schliemann

Sarasola, Josemari (2026). "Estratigrafía arqueológica". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/estratigrafia-arqueologica/

Una errata, un dato desfasado, un párrafo que falta: edítalo y la redacción revisa tu propuesta.

Sugerir una mejora
§ Tres puertas

¿Por dónde sigues?