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Dendrocronología

La dendrocronología es la datación de la madera mediante el recuento y la comparación de sus anillos de crecimiento. Es el único método de datación absoluta que alcanza la precisión de un año concreto, y en el mejor de los casos la de una estación del año, lo que la sitúa en una categoría propia frente a la datación por radiocarbono, que siempre entrega un intervalo. Su alcance, en cambio, está limitado a lo que haya dejado madera conservada y a las regiones donde exista una cronología maestra con la que comparar.

El fundamento es que en climas con estaciones marcadas el árbol crece de forma desigual a lo largo del año y deja una banda clara de crecimiento rápido y otra oscura de crecimiento lento, cuyo par constituye un anillo anual. Contar anillos, sin embargo, solo da la edad del árbol, no una fecha. La aportación decisiva es el cofechado, que descubrió el astrónomo Andrew Ellicott Douglass en las dos primeras décadas del siglo XX mientras buscaba en los árboles un registro del ciclo de las manchas solares. Douglass advirtió que el grosor de los anillos varía de año en año según el clima, y que esa variación es común a todos los árboles de una misma región: cada secuencia de anillos gruesos y finos forma un patrón irrepetible, como un código de barras, que permite emparejar dos maderas distintas y averiguar en qué años exactos crecieron. En 1929, con una viga procedente de un yacimiento de Arizona, cerró el hueco que le faltaba y fechó por primera vez los grandes poblados del suroeste norteamericano.

Sección de un tocón de pino ponderosa con los anillos de crecimiento y cicatrices de incendios rotuladas entre 1255 y 1930
Fig. 1 Sección de un tocón de pino ponderosa documentada en Oregón en 1937: los anillos van de 1255 a 1930 y las cicatrices marcadas corresponden a incendios sucesivos. Este tipo de muestra hace dos cosas a la vez: aporta un tramo de cronología maestra y registra una serie de acontecimientos —sequías, fuegos, plagas— fechados al año.U.S. Forest Service · 1937 · Dominio público · Wikimedia Commons

El procedimiento de construcción de una cronología funciona hacia atrás y por solapamiento. Se empieza por árboles vivos, cuya secuencia termina en el año de la extracción y por tanto está fechada de antemano. Con ella se fechan vigas de edificios históricos cuyos anillos más recientes solapan con los más antiguos de los árboles vivos; con esas vigas se fechan otras más antiguas, y así sucesivamente. Cada eslabón hereda la precisión del anterior, de modo que la cadena entera está anclada al calendario. Las cronologías europeas de roble, levantadas sobre todo a partir de troncos subfósiles conservados en gravas fluviales del sur de Alemania, cubren de forma continua más de doce mil años, y son las que sirven de patrón de calibración al radiocarbono: la exactitud de las fechas de carbono 14 depende, en última instancia, de que alguien haya contado anillos uno por uno.

Lo que la dendrocronología puede afirmar cuando las condiciones acompañan es notablemente concreto. Si la muestra conserva el último anillo bajo la corteza, la fecha de la tala es exacta, y por la anatomía de ese anillo se puede saber si el árbol se cortó en invierno o a mediados del verano. Con ello se han fechado al año la construcción de iglesias medievales, el naufragio de barcos, la ampliación de un palafito o la reparación de un tejado, y se ha podido demostrar que las vigas de un mismo edificio proceden de talas separadas por décadas, lo que documenta fases constructivas que la estratigrafía no distinguía. Una extensión reciente, la dendroprovenancia, compara el patrón de anillos de una madera con cronologías de distintas regiones para averiguar de dónde salió el árbol: así se ha establecido que buena parte de los paneles de la pintura flamenca del siglo XV se pintó sobre roble báltico, y con ello se ha reconstruido una ruta comercial que ningún documento describía por completo.

Las limitaciones son igual de concretas. Hacen falta anillos suficientes —por debajo de cincuenta o sesenta el patrón no es distintivo y el cofechado no es fiable—, lo que descarta la madera joven, las ramas y buena parte de los objetos pequeños. Hace falta también una cronología maestra regional de la especie correspondiente, y en amplias zonas del planeta no existe: en los trópicos, donde no hay estación marcada, muchos árboles no forman anillos anuales en absoluto. A escala de la muestra individual aparecen los anillos ausentes, que un año de sequía extrema puede suprimir, y los anillos falsos, que una interrupción del crecimiento a mitad de temporada puede añadir; ambos desplazan el recuento y solo el cofechado con varias muestras los detecta.

Y queda el problema que la dendrocronología comparte con cualquier método de datación de la madera, que es de interpretación y no de medida: la fecha obtenida es la del crecimiento del árbol, no la del uso del objeto. Una viga puede haberse almacenado años antes de colocarse, haberse reutilizado de un edificio anterior —práctica constante en la construcción tradicional— o haberse desbastado eliminando los anillos exteriores, en cuyo caso la fecha de tala solo puede darse como un mínimo. La madera de deriva y la madera comerciada añaden distancia geográfica al problema. Nada de esto es un defecto del método; es el recordatorio, otra vez, de que fechar un material y fechar un acontecimiento humano son dos operaciones distintas, y que la segunda depende del contexto arqueológico y no del laboratorio.

Datación por radiocarbonoEstratigrafía arqueológicaArqueobotánicaDatación

Sarasola, Josemari (2026). "Dendrocronología". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/dendrocronologia/

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