Pedro Páramo

7 ideas 9 min Resumen completo

Las ideas clave de «Pedro Páramo» (Juan Rulfo, 1955) en tarjetas breves para leer en unos minutos: lo esencial del argumento, los personajes y los temas, parte a parte.

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    De qué va

    1 min

    Pedro Páramo es la única novela de Juan Rulfo, publicada en 1955, y una de las obras decisivas de la literatura hispanoamericana del siglo XX. No está dividida en capítulos numerados, sino en sesenta y ocho fragmentos sin título que alternan dos líneas temporales sin avisar: la llegada de Juan Preciado a Comala en busca de su padre y la historia del cacique Pedro Páramo, contada en retazos por voces que en su mayoría ya están muertas. Este resumen ordena esas dos líneas para hacerlas seguibles, a costa del desconcierto deliberado que produce la lectura del original.

    Antes de entrar, conviene saber lo que el lector del original tarda media novela en descubrir, porque sin ese dato el resumen no se entiende y con él la novela se lee mejor: en Comala no hay nadie vivo. Todo lo que se oye son murmullos de muertos, y a partir de un punto que se señalará más abajo, el propio narrador está enterrado y sigue contando.

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    La llegada a Comala (fragmentos 1-8)

    2 min

    Juan Preciado llega a Comala porque su madre, Dolores Preciado, moribunda, le hizo prometer que iría a reclamar a su padre lo que les debía. Las palabras de la madre describen un pueblo verde, con olor a alfalfa y a miel, con una llanura que se ve desde arriba: «no vayas a pedirle nada, exígele lo nuestro». Lo que Juan encuentra es lo contrario. En el cruce de Los Encuentros se le junta un arriero llamado Abundio Martínez, sordo, que le dice que también él es hijo de Pedro Páramo y que Pedro Páramo murió hace años. Comala está a la altura de las brasas y sobre las cenizas del infierno; no hay un alma en las calles ni un ruido, las puertas están abiertas y por dentro las casas vacías. Abundio lo manda a casa de una tal Eduviges Dyada, que lo recibe con una habitación preparada y le dice que su madre le avisó de que llegaría; le cuenta que estaba llamándolo, que oyó su llegada antes de que ocurriera y que ella y Dolores habían sido amigas. También le confiesa un secreto de la noche de bodas de su madre: Dolores no quiso acostarse con Pedro Páramo y le pidió a Eduviges que la sustituyera, y así fue. Eduviges habla del hijo de Pedro Páramo, Miguel, muerto al caer del caballo, y de que el padre Rentería no quiso darle la absolución. En el momento de nombrarlo, Juan advierte que ella habla de sí misma como de alguien que se suicidó.

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    Dolores, el padre Rentería y Miguel (fragmentos 9-20)

    2 min

    Se intercalan los recuerdos de Pedro Páramo niño, en el retrete, pensando en Susana San Juan, la muchacha con la que volaba cometas; y los de la muerte de su padre, don Lucas, asesinado a balazos en una boda. Fulgor Sedano, el administrador de la Media Luna, aparece como la máquina del poder de Pedro Páramo: en la escena que fija el carácter del cacique, Fulgor le expone que la hacienda está arruinada y llena de deudas, la mayor de ellas con las Preciado, y Pedro Páramo resuelve el problema casándose con Dolores para que la deuda desaparezca. A Fulgor le encarga después que consiga que el padre Rentería los case sin pedir nada y que se apropie de las tierras vecinas por el procedimiento habitual: mover las cercas de noche, comprar barato al asustado, matar al que se resista. Dolores acaba abandonando Comala con su hijo y muere en otro pueblo. El padre Rentería vive con el peso de su complicidad: el pueblo se confiesa con él y él sabe que su iglesia se sostiene con el dinero de la Media Luna. La noche en que le llevan el cadáver de Miguel Páramo, la hermana del hombre al que Miguel mató y de la muchacha a la que violó le pide que no lo perdone; Rentería se niega a absolverlo, y después, agotado, viaja a Contla a confesarse él, y el cura de allá le niega la absolución y le dice que su parroquia está podrida.

  4. 4 / 7

    Los murmullos y la muerte de Juan Preciado (fragmentos 21-36)

    2 min

    Juan Preciado sale a la calle y encuentra al matrimonio de Damiana Cisneros, y luego a otras figuras que aparecen y desaparecen. Damiana lo lleva un rato y le habla de los ruidos de la Media Luna, y cuando él le pregunta si está viva, ella se desvanece. Oye una carreta que pasa sin nadie, cantos, risas, el eco de gritos antiguos. Acaba en la casa de Donis y su hermana, una pareja de hermanos que viven juntos como marido y mujer, con el pecado a cuestas, en un cuarto sin ventanas donde la mujer se deshace en tierra al abrazarla. El aire se vuelve espeso y sin corriente; los murmullos crecen hasta llenarlo todo. Aquí está el punto de bisagra de la novela: Juan Preciado dice que los murmullos lo mataron, que se le acabó el aire, y a partir de ese momento su relato se cuenta desde una tumba, compartida con Dorotea, la mendiga que en vida buscaba a un hijo que nunca tuvo y a la que Pedro Páramo hacía de alcahueta para Miguel. Los dos siguen hablando bajo tierra, y es Dorotea quien va contando el resto de la historia; los murmullos que se oyen desde ahí son de los otros enterrados del cementerio.

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    Pedro Páramo y Susana San Juan (fragmentos 37-58)

    2 min

    La segunda línea se hace continua. Pedro Páramo ha construido su dominio sobre Comala con la deuda, el crimen y el hijo bastardo repartido por todas las casas; la Media Luna es la única tierra que produce y él es la ley. Pero la novela le da un solo deseo: Susana San Juan, la mujer que amó desde niño y que se fue del pueblo. Cuando por fin la trae de vuelta, viuda, la trae con su padre, Bartolomé San Juan, un minero al que Pedro Páramo hace desaparecer para quedarse con ella; hay entre padre e hija un pasado turbio, la escena de la mina donde el padre la bajaba con una soga a buscar oro entre huesos, y una locura que la ha vuelto inalcanzable. Susana pasa sus días en la cama, delirando, hablando de Florencio, su marido muerto, y del mar. Pedro Páramo se sienta a su lado noche tras noche y comprende que no ha conseguido nada: la tiene en su casa y ella no está allí. Cuando muere, en Comala repican las campanas y el repique se prolonga tres días hasta convertirse en fiesta: llega gente de todas partes, se instalan puestos y músicos, y el pueblo celebra sin saber qué celebra mientras el dueño lo mira desde su ventana. Ese es el momento en que Pedro Páramo se cruza de brazos y decide su venganza: no volverá a mover un dedo, y Comala se morirá de hambre.

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    La revolución, Abundio y el final (fragmentos 59-68)

    1 min

    Los revolucionarios llegan a la Media Luna y Pedro Páramo los recibe con la técnica que ha usado siempre: los financia, les dice que está de su lado y les pone al frente a su hombre, El Tilcuate, para que la revolución trabaje para él. Con la revolución y el abandono, el pueblo se vacía; los que quedan se van muriendo y el padre Rentería se marcha a tomar las armas. Aparece Abundio Martínez, el arriero del principio, borracho después de enterrar a su mujer Refugio, que ha ido a la Media Luna a pedir dinero para el entierro; Pedro Páramo, sentado en un equipal a la puerta, ya no le contesta. Abundio, sin saber lo que hace, le clava el cuchillo. El cacique se levanta, apoyándose, y da unos pasos: se siente vacío, «un montón de piedras», y se desmorona en el suelo como si fuera un montón de piedras. Ese es el último fragmento del libro.

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    LA OBRA Y SU LECTURA

    3 min

    El desorden no es un adorno experimental, es el argumento. Si la novela se contara en orden, sería la biografía de un cacique del Bajío mexicano y la crónica de la despoblación de un pueblo, y las dos cosas estaban muy escritas en 1955. Contada así, el lector hace lo mismo que Juan Preciado: entra en un pueblo donde no distingue a los vivos de los muertos, escucha voces que no puede atribuir y solo al final compone la historia; y en el momento en que la compone, descubre que quien la contaba estaba enterrado. Los sesenta y ocho fragmentos y su alternancia de tiempos convierten el tema del libro, un pueblo que sobrevive solo como murmullo de lo que fue, en la experiencia física de leerlo. Por eso cualquier resumen ordenado, incluido este, informa del argumento a cambio de destruir la obra.

    Hay dos claves de fondo. La primera es histórica: Comala se muere por la Revolución mexicana y por la guerra cristera de 1926-1929, que Rulfo vivió de niño en Jalisco, su padre fue asesinado en 1923 y su madre murió cuando él tenía diez años, y el reparto agrario que llegó después no repartió nada donde el cacique había dejado la tierra estéril. La segunda es religiosa y más amarga: en Comala nadie se salva. El padre Rentería no puede absolver a nadie porque no está absuelto, las almas del cementerio siguen esperando misas que nunca se dicen, y las voces que Juan Preciado oye son las de quienes murieron sin perdón. El infierno de la novela no es una metáfora del calor de la llanura: es un purgatorio administrativo en el que la intercesión se ha comprado con dinero de la Media Luna y ha dejado de funcionar.

    Conviene desconfiar de dos tópicos. El primero es la etiqueta «realismo mágico», que se le aplica por comodidad y que encaja mal: no hay maravilla ni asombro en los muertos de Comala, hablan con la misma naturalidad con que se quejaban en vida, y el registro es el de la lengua campesina de Jalisco, no el de la fábula. Gabriel García Márquez, que contó haber leído la novela en una noche y haberla releído a la siguiente, dijo que había releído hasta aprendérsela de memoria, y lo que reconoció en ella no fue un procedimiento sino una manera de escuchar. El segundo tópico es el del escritor de una sola obra que se calló para siempre; Rulfo publicó antes El llano en llamas (1953), trabajó como guionista y como editor, y su silencio posterior se ha explicado muchas veces con anécdotas de las que él mismo se burlaba. Lo que sí está documentado es el trabajo material del libro: se escribió a lo largo de años y se recortó mucho, y de las páginas suprimidas salieron varios de los fragmentos que la crítica considera esenciales.

Redacción de Ikusmira (2026). "Ideas clave: Pedro Páramo". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/ideas/pedro-paramo/
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