La Odisea

8 ideas 9 min Resumen completo

Las ideas clave de «La Odisea» (Homero) en tarjetas breves para leer en unos minutos: lo esencial del argumento, los personajes y los temas, parte a parte.

  1. 1 / 8

    De qué va

    1 min

    La Odisea, compuesta hacia el siglo VIII a. C. y atribuida a Homero, es, con la Ilíada, el texto fundacional de la literatura occidental y probablemente la historia más contada de todas: el regreso a casa como argumento universal. Sus 24 cantos y unos 12.000 hexámetros narran los diez años que Odiseo (Ulises, para los latinos), rey de Ítaca y artífice del caballo de Troya, tarda en volver de la guerra, y lo hacen con una arquitectura asombrosamente moderna que todavía se enseña en las escuelas de guion: la acción presente ocupa solo unas seis semanas, empieza in medias res en el décimo año, y todo el catálogo célebre de monstruos (el cíclope, las sirenas, Circe, Escila) no lo cuenta el poeta sino el propio Odiseo, como narrador dentro del relato, en una corte extranjera y sin testigos que puedan desmentirlo: el primer narrador no fiable de la literatura es también su primer héroe. Frente al guerrero de fuerza (Aquiles), la Odisea canta al héroe de la astucia (mētis): su primer epíteto es polýtropos, «el de muchos recursos». El poema se organiza en tres bloques: la Telemaquia (cantos 1-4), los viajes (5-12) y la venganza en Ítaca (13-24).

  2. 2 / 8

    Cantos 1-4: la Telemaquia

    2 min

    El poema abre en el Olimpo: todos los héroes de Troya han vuelto o muerto salvo Odiseo, retenido hace siete años por la ninfa Calipso. Aprovechando la ausencia de Poseidón, enemigo del héroe por razones que el canto 9 explicará, Atenea obtiene de Zeus el decreto del regreso y baja a Ítaca disfrazada, donde el palacio es un saqueo institucionalizado: más de un centenar de pretendientes llevan años comiéndose la hacienda del rey ausente mientras exigen que la reina Penélope elija marido. Ella los mantiene a raya con el engaño más famoso del poema: teje de día el sudario de su suegro Laertes y lo desteje de noche; descubierta por la delación de una criada, ha agotado el truco. Atenea empuja al hijo, Telémaco, un adolescente paralizado, a actuar: convoca la asamblea (que fracasa), y parte en secreto a buscar noticias de su padre; a Pilos, donde el anciano Néstor le cuenta los regresos de los otros héroes, y a Esparta, donde Menelao y Helena, restaurados como matrimonio real, le dan la primera noticia firme: Odiseo vive, cautivo de Calipso. La Telemaquia es un relato de formación en miniatura, el hijo se hace adulto buscando al padre, y siembra el contraejemplo que sobrevuela todo el poema: el regreso de Agamenón, asesinado por su esposa y su amante, es todo lo que Odiseo debe evitar.

  3. 3 / 8

    Cantos 5-8: Calipso y los feacios

    2 min

    Hermes lleva a Calipso la orden de Zeus: la ninfa, despechada (los dioses no soportan que las diosas amen a mortales, protesta), ofrece a Odiseo la inmortalidad si se queda. La escena que abre la presencia del héroe en su propio poema es deliberada: Odiseo llora en la playa mirando el mar, y rechaza no envejecer nunca a cambio de volver con su mujer mortal, la elección que define la épica entera como poema de la condición humana: Penélope no es Calipso, y ese es exactamente el punto. En una balsa de fabricación propia navega dieciocho días hasta que Poseidón la deshace; náufrago y desnudo llega a Esqueria, la isla de los feacios, donde la princesa Nausícaa, que lava la ropa en el río por una corazonada de Atenea, lo socorre en uno de los encuentros más delicados del poema. En la corte del rey Alcínoo, el huésped anónimo llora dos veces al oír al aedo Demódoco cantar la guerra de Troya, el héroe escuchando su propia leyenda convertida ya en canción, hasta que el rey pregunta y Odiseo se nombra: «Soy Odiseo, hijo de Laertes, conocido de todos los hombres por mis astucias; mi fama llega hasta el cielo». Y empieza a contar.

  4. 4 / 8

    Cantos 9-12: los relatos de Odiseo

    3 min

    Los cuatro cantos centrales son el gran flashback: doce naves salieron de Troya, y el relato es la contabilidad de cómo se perdieron todas. Tras los cicones y los lotófagos (el loto que borra el deseo de volver: la primera amenaza del poema no es un monstruo, es el olvido), la nave llega a la isla del cíclope Polifemo, y el canto 9 despliega el episodio más célebre: encerrados en la cueva con el gigante que devora a los compañeros por parejas, Odiseo lo emborracha, le dice que se llama Nadie (Outis), lo ciega con una estaca ardiente mientras duerme (cuando los otros cíclopes acuden a los gritos, Polifemo aúlla que «Nadie» lo mata, y se van), y escapa con sus hombres atados bajo los vientres de los carneros. La astucia perfecta la arruina el ego: ya a salvo, Odiseo grita su nombre verdadero al cíclope para firmar la hazaña, y Polifemo pide a su padre Poseidón la maldición que estructura el poema; que llegue tarde, mal, solo y a una casa en desgracia. Siguen: Eolo, que regala los vientos contrarios atados en un odre; a la vista ya de Ítaca, los compañeros lo abren creyendo que esconde oro, y la flota es devuelta al punto de partida (la tragedia del poema es tanto la desconfianza de la tripulación como la cólera de los dioses); los lestrigones, caníbales gigantes que destruyen once de las doce naves; y Circe, la hechicera que convierte a los hombres en cerdos hasta que Odiseo, inmunizado por la hierba moly de Hermes, la somete y se queda un año como amante. Circe lo envía al Hades (canto 11, la Nekyia): entre los muertos, el adivino Tiresias le da la profecía y la regla (no tocar las vacas del Sol), su madre Anticlea (muerta de pena por su ausencia, y a la que intenta abrazar tres veces y tres veces se le deshace en los brazos) le da la medida del coste del viaje, y Aquiles pronuncia la enmienda a toda la Ilíada: preferiría ser siervo de un labrador pobre entre los vivos que rey de todos los muertos. De vuelta, la nave pasa las sirenas (Odiseo, atado al mástil con los oídos abiertos y la tripulación con cera: el único hombre que oyó el canto y vivió, el conocimiento a cambio de la inmovilidad), elige entre Escila y Caribdis el mal menor de perder seis hombres, y encalla en la isla del Sol, donde los compañeros, hambrientos y mientras él duerme, sacrifican las vacas sagradas. Zeus fulmina la nave; solo Odiseo sobrevive, y el mar lo deposita en Ogigia, con Calipso: el relato desemboca en su propio comienzo.

  5. 5 / 8

    Cantos 13-16: Ítaca, el mendigo y el reencuentro con el hijo

    1 min

    Los feacios lo dejan dormido en una cala de Ítaca con más tesoros de los que sacó de Troya. La segunda mitad del poema cambia de género: de la aventura marítima al thriller doméstico, ejecutado con paciencia de cerco. Atenea lo transforma en mendigo viejo y Odiseo pone a prueba, uno a uno, a todos los suyos: el poema convierte el reconocimiento (anagnórisis) en su mecánica central. Primero el porquerizo Eumeo, leal sin saber a quién hospeda; luego, en la cabaña, el reencuentro con Telémaco, de vuelta de Esparta tras esquivar la emboscada de los pretendientes: Atenea deshace el disfraz y el padre se da a conocer al hijo (que no lo ha visto nunca adulto) en la escena más llorada del poema. Juntos preparan la venganza: Odiseo entrará en su casa como mendigo, y nadie más debe saberlo.

  6. 6 / 8

    Cantos 17-20: el mendigo en su propia casa

    1 min

    Los cantos del cerco funcionan por acumulación de agravios y de señales. A las puertas del palacio, el perro Argos, criado por Odiseo hace veinte años, levanta las orejas, reconoce a su amo bajo los harapos, y muere: el reconocimiento sin palabras que ningún humano ha logrado aún. Dentro, el mendigo mendiga en su propio banquete y encaja taburetazos del cabecilla Antínoo, mide a los criados fieles y a las criadas traidoras, y vence a puñetazos al mendigo profesional Iro. La vieja nodriza Euriclea, lavándole los pies, reconoce la cicatriz del jabalí de su infancia; Odiseo le tapa la boca a tiempo. Penélope, que conversa con el mendigo sin (aparentemente) reconocerlo, le confía su decisión: convocará la prueba del arco. Buena parte de la crítica moderna lee la escena a contrapelo: Penélope, tan polýtropos como su marido, quizá sospecha ya con quién habla, y la prueba que anuncia es exactamente la que solo Odiseo puede ganar.

  7. 7 / 8

    Cantos 21-22: el arco y la matanza

    1 min

    Penélope saca el gran arco de Odiseo: quien lo tense y pase una flecha por los ojos de doce hachas alineadas, la tendrá por esposa. Los pretendientes fracasan por turnos, el arco ni se dobla; el mendigo lo pide entre burlas, y Homero administra el momento con su mejor cámara lenta: Odiseo revisa el arma como un aedo templa la lira, la tensa sin esfuerzo, la cuerda canta como una golondrina, y la flecha atraviesa las doce hachas. La segunda flecha es para la garganta de Antínoo, que bebía; Odiseo se nombra, y el canto 22 es la batalla campal en la sala cerrada: con Telémaco, Eumeo y el boyero Filetio contra decenas, con las armas de la sala escamoteadas de antemano y Atenea midiendo la ayuda, los pretendientes mueren todos. La justicia poética se administra sin sentimentalismo arcaico: el aedo y el heraldo son perdonados; las doce criadas traidoras, ahorcadas; el poema es también un documento del código brutal de su tiempo, y no lo maquilla.

  8. 8 / 8

    Cantos 23-24: la cama, el padre y la paz

    2 min

    Queda la prueba más difícil: Penélope. Prudente hasta el final, ¿y si el dios que mató a los pretendientes solo tiene la apariencia de su marido?, tiende la última trampa del poema: ordena a Euriclea sacar la cama del tálamo para el huésped. Odiseo salta: esa cama no puede moverse; él mismo la talló sobre un olivo vivo enraizado, y ese secreto solo lo conocen dos personas. La señal es perfecta porque es recíproca: solo el verdadero Odiseo conoce el secreto, y solo la verdadera Penélope sabría usarlo como cebo; el matrimonio de la Odisea es una sociedad de iguales en astucia, y Homero les concede una noche alargada por Atenea y el intercambio de sus veinte años. El canto 24 cierra los tres frentes: las almas de los pretendientes bajan al Hades (donde Agamenón, simétrico y amargo, proclama la gloria eterna de Penélope frente a su Clitemnestra); Odiseo se da a conocer a su padre Laertes, envejecido de pena en su huerto, con la prueba de los árboles que le regaló de niño; y cuando las familias de los muertos se alzan en armas, Atenea, con el permiso de Zeus y un trueno final, impone la reconciliación y la paz sellada por juramento. El héroe de los mil recursos termina donde quería: en casa. Queda abierta, para la posteridad que va de Dante a Kavafis y a Joyce, la profecía de Tiresias: un último viaje, tierra adentro, con un remo al hombro, hasta donde nadie conozca el mar.

Redacción de Ikusmira (2026). "Ideas clave: La Odisea". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/ideas/la-odisea/
§ Sigue con otra obra

Más ideas clave.