El retrato de Dorian Gray

9 ideas 10 min Resumen completo

Las ideas clave de «El retrato de Dorian Gray» (Oscar Wilde, 1890) en tarjetas breves para leer en unos minutos: lo esencial del argumento, los personajes y los temas, parte a parte.

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    De qué va

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    El retrato de Dorian Gray es la única novela de Oscar Wilde. Apareció en 1890 en el Lippincott’s Monthly Magazine con trece capítulos y se publicó en 1891 como libro, ampliada a veinte y con un prefacio de aforismos que Wilde añadió para responder a los ataques de la prensa. Un joven de belleza extraordinaria pronuncia el deseo de que su retrato envejezca en su lugar, el deseo se cumple sin explicación, y a partir de ahí el libro es la biografía de un hombre que puede hacer cualquier cosa sin que se le note en la cara.

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    Capítulos 1-2: el estudio de Basil

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    En el estudio del pintor Basil Hallward, entre lilas y adelfas, lord Henry Wotton contempla el retrato de cuerpo entero de un joven de belleza extraordinaria y pregunta quién es. Basil se resiste a decirlo: confiesa que Dorian Gray es todo su arte desde que lo conoció y que en ese cuadro ha puesto demasiado de sí mismo, y por eso no piensa exponerlo. Lord Henry expone en cambio su método, que es la conversación: no cree en la influencia buena, cree que toda influencia es inmoral y que el único deber que se tiene con uno mismo es realizar la propia naturaleza. Dorian llega, se conocen, y en el jardín lord Henry le hace en veinte minutos el discurso que decidirá su vida: que la belleza y la juventud son lo único que vale la pena, que se le van a pasar y muy pronto, y que hay que vivir mientras se tienen porque no hay nada que las devuelva. Cuando el retrato está terminado y Dorian se ve por primera vez a sí mismo como lo ven los demás, siente celos del cuadro y dice en voz alta que daría el alma por que el retrato envejeciera en su lugar. Basil, alarmado, ofrece destruirlo y Dorian se lo impide.

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    Capítulos 3-4: Sibyl Vane

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    Lord Henry visita a su tío para averiguar los orígenes de Dorian: hijo de una mujer bellísima de familia noble que se fugó con un oficial pobre, muerto en duelo por encargo del propio abuelo, y de un embarazo que acabó con la madre en un año. En una comida de sociedad, lord Henry brilla con sus paradojas sobre el amor, el matrimonio y la filantropía. Semanas más tarde Dorian le anuncia que está enamorado: se llama Sibyl Vane, tiene diecisiete años, es actriz en un teatrucho del East End y hace Julieta, Rosalinda, Imogen. Dorian está enamorado de todas ellas a la vez, es decir, del arte que la muchacha produce. En casa de los Vane, la madre, actriz fracasada y endeudada con el empresario judío del teatro, ve el asunto como una oportunidad; el hermano, James, que se embarca para Australia, promete matar a Dorian si le hace daño a su hermana.

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    Capítulos 5-7: la muerte del amor y la primera arruga

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    Sibyl llama a Dorian «el príncipe encantado» y no sabe su nombre. La noche en que él lleva a Basil y a lord Henry al teatro para que la vean, Sibyl actúa mal: recita sin creer nada, con voz falsa, y el público se marcha. Entre bastidores, ella intenta explicarle que ha descubierto que el amor es real y que por eso el teatro se le ha vuelto una sombra que ya no puede representar. Dorian le responde que sin su arte no es nada, que ha matado su amor, y la abandona en el suelo del camerino. Vuelve a casa al amanecer y, a la luz de la lámpara, ve que el retrato tiene en la boca una arruga de crueldad que él no tiene. Se pasa el día pensando en volver a pedirle perdón, y a la mañana siguiente lord Henry le comunica que Sibyl Vane se ha suicidado en el teatro con ácido prúsico. Dorian pregunta si tendrá que declarar; lord Henry lo ha arreglado y le habla de la muerte de la muchacha como del final perfecto de una obra. Esa noche Dorian va a la ópera.

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    Capítulos 8-11: el pacto y los años

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    Dorian esconde el retrato en el cuarto de estudio de arriba, lo cubre con un paño mortuorio bordado y cierra la habitación con llave. Se despide de Basil, que ha venido a consolarlo y se marcha espantado por el tono, y acepta el regalo de lord Henry: un libro amarillo, francés, sin nombre en la cubierta, en el que un joven parisino intenta realizar en su propia vida todas las pasiones de todos los siglos. Ese libro lo envenena. Pasan dieciocho años. Dorian vive rodeado de belleza: colecciona perfumes, instrumentos musicales exóticos, piedras preciosas, casullas y bordados litúrgicos; el capítulo 11 es un inventario largo de esa acumulación, sin acción, y es el que más lectores pierde. La ciudad empieza a contar cosas de él: se le ve entrar en tabernuchos de los muelles, hay hombres que se levantan cuando entra en un club, hay amistades suyas que se han deshonrado o han desaparecido. Nadie le cree ninguna de esas historias, porque no ha envejecido un día.

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    Capítulos 12-14: Basil

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    Una noche de niebla, en la víspera de su treinta y ocho cumpleaños, Basil Hallward lo aborda en la escalera. Le pregunta si es cierto lo que se dice de él y le pide que lo desmienta; le habla de un joven suicidado, de una familia arruinada, de una mujer deshonrada. Dorian lo sube al cuarto cerrado y le enseña el cuadro: es una cosa monstruosa, hinchada, con las manos ensangrentadas, y en un ángulo está la firma de Basil. El pintor le suplica que se arrodille y rece. Dorian lo apuñala en el cuello con un cuchillo que había sobre el arcón, se cambia de ropa, sale, vuelve por la puerta principal como si llegara del club y ordena a su criado que diga que ha estado fuera. A la mañana siguiente chantajea a Alan Campbell, un químico que fue su amigo, para que haga desaparecer el cuerpo con instrumental de laboratorio; Campbell se niega, Dorian escribe un nombre en un papel y se lo pasa, y el hombre acepta y lo hace. La bolsa con el abrigo y el maletín de Basil se queda en un armario.

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    Capítulos 15-18: James Vane

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    Esa misma noche Dorian va a una cena de sociedad y no puede comer. Después baja a un fumadero de opio del puerto, donde se cruza con un joven a quien ha arrastrado a la ruina; al salir, una mujer a la que le arruinó la vida lo llama «príncipe encantado», y un hombre que estaba en la puerta lo oye. Es James Vane, vuelto de Australia, que lo arrastra a un callejón y le pone una pistola en la cabeza. Dorian se salva con un truco de la evidencia: le pide que lo mire a la luz de una farola y le pregunta cuántos años hace que su hermana murió; el hombre ve la cara de un muchacho de veinte años y lo suelta pidiéndole perdón. La mujer del fumadero le grita entonces que ese hombre vendió su alma al diablo hace dieciocho años y que no ha cambiado nada desde entonces. James Vane empieza a seguirlo. En Selby Royal, la casa de campo de Dorian, hay una partida de caza; Dorian ve al hombre pegado a la ventana del invernadero y se derrumba. Al día siguiente, en una batida, uno de los invitados dispara a un matorral y mata a un hombre; Dorian, que se ha temido lo peor y se ha pasado el día enfermo, baja a la granja a ver el cadáver: es James Vane. Se siente a salvo.

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    Capítulos 19-20: el final

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    Dorian anuncia a lord Henry que va a ser bueno y le cuenta su primera buena acción: no ha arruinado a Hetty Merton, una muchacha del campo a la que iba a llevarse, y la ha dejado como estaba. Lord Henry se burla de la vanidad de la renuncia y le trae las noticias del año: Basil desaparecido, Alan Campbell suicidado de un tiro en su laboratorio, todo cerrado sin escándalo. Pregunta a Dorian, en broma, qué daría por recuperar la juventud, y le recuerda que su vida ha sido su obra de arte. Solo en casa, Dorian sube al cuarto cerrado y descubre en el retrato lo que faltaba: el rostro está igual de horrible, y en los ojos hay ahora una expresión de hipocresía, porque su buena acción no fue piedad sino curiosidad, y la renuncia, vanidad. Decide destruir la única prueba de su vida: coge el cuchillo con el que mató al pintor y acuchilla el cuadro. Los criados oyen un grito terrible; suben, fuerzan la puerta y encuentran en la pared el retrato de Dorian Gray tal como lo pintó Basil, en toda su belleza y su juventud, y en el suelo un hombre muerto con un cuchillo en el corazón, marchito, arrugado y de rostro repugnante, al que solo pueden identificar por los anillos de sus manos.

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    LA OBRA Y SU LECTURA

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    El libro se lee casi siempre como una fábula moral sobre la vanidad, y el prefacio de Wilde niega expresamente esa posibilidad: dice que no existen libros morales ni inmorales, sino bien o mal escritos, y que quien encuentra significados feos en cosas hermosas es corrupto sin ser encantador. La ironía es que la novela sí acaba castigando a su protagonista, y con una puntualidad casi victoriana. Wilde salió de ese aprieto en una carta a un periódico: la moral del libro, escribió, es que todo exceso trae su propio castigo, y añadió que ese es un defecto artístico, porque la moral demasiado evidente estropea una obra. Las tres figuras del triángulo, además, no reparten los papeles como se suele decir: lord Henry formula la doctrina y no la practica, es un espectador que no arriesga nada, Basil la teme y la sirve con su arte, y Dorian la ejecuta. En una carta de 1894, Wilde dijo que Basil era como él se creía, lord Henry como el mundo lo veía y Dorian como le habría gustado ser en otra época.

    Hay una cuestión textual que conviene no pasar por alto, porque afecta a cualquier cita. Existen tres versiones: el mecanoscrito que Wilde entregó en 1890, la versión publicada en el Lippincott’s (que el propio director de la revista, J. M. Stoddart, recortó sin permiso del autor, eliminando pasajes sobre el deseo de Basil por Dorian y sobre las amantes de Dorian) y la edición en libro de 1891, en la que Wilde volvió a atenuar el asunto por su cuenta, añadió el prefacio y sumó los capítulos de James Vane, que dan a la novela su trama de venganza. La edición «no censurada» del mecanoscrito la publicó Harvard University Press en 2011. Las traducciones españolas corrientes siguen la de 1891, que es un libro distinto del de 1890 y no solo una versión más larga.

    El último dato es el que la novela no podía saber. En 1895, en el juicio contra el marqués de Queensberry y en los dos que le siguieron, la acusación leyó pasajes de El retrato de Dorian Gray en la sala como prueba del carácter del autor, y Wilde tuvo que sostener en el estrado que un libro no dice nada de la vida de quien lo escribe. Fue condenado a dos años de trabajos forzados por indecencia grave. La novela que había pedido que no se buscaran significados feos en las cosas hermosas acabó sirviendo de material probatorio contra su autor.

Redacción de Ikusmira (2026). "Ideas clave: El retrato de Dorian Gray". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/ideas/el-retrato-de-dorian-gray/
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