Romeo y Julieta es una tragedia de William Shakespeare publicada en 1597 y escrita probablemente unos años antes. Sitúa en Verona el amor de los hijos de dos familias enemigas, los Montesco y los Capuleto, y lo destruye en cuatro días con una precisión de mecanismo de reloj. El prólogo, un soneto recitado por el coro, anuncia el final desde la primera línea: los dos amantes están marcados por las estrellas y morirán, y su muerte será lo único capaz de reconciliar a sus familias. La obra funciona porque el espectador conoce el desenlace y ve a los personajes correr hacia él.
Son cinco actos y veinticuatro escenas, y el reloj está escrito en el texto: la riña de la plaza ocurre un domingo por la mañana, la fiesta esa misma noche, la boda el lunes al mediodía, las muertes de Mercucio y Teobaldo el lunes por la tarde, la noche de bodas y el destierro esa madrugada, la falsa muerte de Julieta el miércoles al alba y el panteón la noche del jueves. Cuatro días.
RESUMEN POR ACTOS Y ESCENAS
Acto I
Escena 1. Dos criados de los Capuleto, Sansón y Gregorio, provocan a dos criados de los Montesco en la plaza pública de Verona, y la pelea se generaliza cuando entran Benvolio, primo de Romeo, que intenta separarlos, y Teobaldo, sobrino de la señora Capuleto, que desprecia la palabra «paz». Acuden los dos cabezas de familia y sus mujeres, y por fin el príncipe Escala, que decreta la pena de muerte para quien vuelva a alterar el orden. Retirados los demás, los Montesco preguntan a Benvolio por Romeo, que lleva días encerrado, llorando de madrugada y evitando la luz. Romeo aparece y confiesa el motivo: ama a Rosalina, que ha jurado castidad y no le corresponde. Benvolio le recomienda mirar a otras mujeres.
Escena 2. Capuleto negocia con el conde Paris, pariente del príncipe, el matrimonio con Julieta, que aún no tiene catorce años; le pide que espere dos veranos, pero lo invita a la fiesta de esa noche para que la corteje. El criado analfabeto encargado de repartir las invitaciones se topa con Romeo y Benvolio y les pide que se las lean: así se enteran de que Rosalina estará en el baile de los Capuleto, y Benvolio convence a Romeo de colarse enmascarado.
Escena 3. En casa de los Capuleto, la señora y el ama de cría, que crió a Julieta y no puede contar nada sin desviarse, exponen a la muchacha el plan de casarla con Paris. Julieta responde que aún no ha pensado en el matrimonio, pero que mirará al conde con buenos ojos si sus padres lo desean.
Escena 4. Camino de la fiesta, Mercucio, amigo de Romeo y pariente del príncipe, se burla de su melancolía amorosa y desarrolla el largo discurso de la reina Mab, la comadrona de las hadas que fabrica los sueños. Romeo confiesa un presentimiento: algo que empieza esta noche en esta fiesta acabará en su muerte prematura.
Escena 5. En el baile, Romeo ve a Julieta y olvida a Rosalina en el acto. Teobaldo lo reconoce por la voz y quiere matarlo allí mismo; Capuleto se lo prohíbe con violencia, más por no arruinar su fiesta que por hospitalidad, y Teobaldo se retira jurando venganza. Romeo se acerca a Julieta y los dos improvisan juntos un soneto con la metáfora del peregrino y la santa que termina en beso. El ama los interrumpe y cada uno averigua por separado el apellido del otro.
Acto II
Escena 1 y 2. Romeo se descuelga por la tapia del huerto de los Capuleto y deja que Mercucio y Benvolio lo busquen en vano. Desde abajo ve a Julieta en el balcón y la oye pensar en voz alta que el nombre no es la cosa y que Romeo sería el mismo con cualquier otro apellido. Se descubre; hablan; ella se niega a jurar por la luna, que es inconstante, y es ella, no él, quien propone el matrimonio y fija la hora en que enviará un mensajero al día siguiente.
Escena 3. Al alba, Romeo va a la celda de fray Lorenzo, que está recogiendo hierbas y medita sobre que ninguna planta es buena o mala en sí, sino según el uso. El fraile se asombra del cambio de amor en una noche, pero accede a casarlos: espera que la unión reconcilie a las dos casas.
Escena 4 y 5. Mercucio y Romeo se baten en ingenio por la calle. Llega el ama en busca de Romeo y él le da la cita: Julieta debe ir a confesarse esa tarde a la celda de fray Lorenzo, donde se casarán. El ama vuelve a casa y hace desesperar a Julieta con quejas sobre sus huesos y su dolor de espalda antes de darle el recado.
Escena 6. En la celda, fray Lorenzo advierte a los dos que los amores violentos tienen fines violentos y los casa en secreto.
Acto III
Escena 1. La escena que parte la obra en dos. Bajo el calor del mediodía, Teobaldo busca a Romeo y lo insulta; Romeo, ya casado con su prima, se niega a pelear y le responde con una ternura que nadie entiende. Mercucio, indignado por lo que interpreta como cobardía, desenvaina en su lugar; Romeo se interpone para separarlos y Teobaldo hiere a Mercucio por debajo de su brazo. Mercucio muere maldiciendo a las dos casas, «un mal de peste sobre vuestras familias», y bromeando sobre su propia herida hasta el último aliento. Romeo mata entonces a Teobaldo y huye. El príncipe, ante los dos cadáveres, conmuta la pena de muerte por el destierro inmediato a Mantua.
Escena 2. El ama trae a Julieta la noticia con tal desorden que ella cree primero que el muerto es Romeo. Cuando comprende que su marido ha matado a su primo, pasa por un momento de horror y elige a Romeo.
Escena 3. En la celda, Romeo recibe la noticia del destierro como una condena peor que la muerte y se arroja al suelo. Fray Lorenzo le organiza la noche: consumar el matrimonio, salir de Verona antes del alba, esperar en Mantua a que se anuncie la boda y se logre el perdón del príncipe.
Escena 4. Sin saber nada de lo anterior, Capuleto decide que el luto por Teobaldo se cure con una boda y adelanta el casamiento de Julieta con Paris al jueves.
Escena 5. Amanece tras la noche de bodas y los dos discuten si el pájaro que canta es la alondra o el ruiseñor, porque el ruiseñor les daría más noche. Romeo se descuelga y Julieta lo ve por última vez con vida. Entra su madre a anunciarle la boda del jueves; Julieta se niega; su padre estalla, la insulta y la amenaza con echarla de casa sin un céntimo; su madre lo respalda, y cuando pide consejo al ama, esta le recomienda casarse con Paris y olvidar a Romeo. Julieta se queda sola por completo y dice que va a confesarse.
Acto IV
Escena 1. En la celda, Julieta se encuentra con Paris, se libra de él con evasivas y, a solas con el fraile, amenaza con matarse si no hay salida. Fray Lorenzo le propone el plan: la noche antes de la boda beberá un destilado que la dejará cuarenta y dos horas sin pulso ni calor; la darán por muerta y la depositarán en el panteón familiar; él avisará a Romeo por carta y los dos estarán allí cuando despierte.
Escena 2 y 3. Julieta finge arrepentirse y acepta la boda; Capuleto, entusiasmado, la adelanta un día más, al miércoles. Sola en su cuarto, Julieta enumera todo lo que puede salir mal (que el brebaje no funcione, que sea un veneno, que despierte antes de tiempo entre los huesos de sus antepasados y el cadáver reciente de Teobaldo) y bebe.
Escena 4 y 5. La casa se desvela preparando la boda. El ama encuentra a Julieta rígida; entran los padres y Paris, y el llanto de los cuatro se superpone con la música de los músicos que ya han llegado. Fray Lorenzo, que dirige la escena, les recuerda que la muchacha está en el cielo y ordena convertir la fiesta en funeral.
Acto V
Escena 1. En Mantua, Romeo ha soñado que estaba muerto y que un beso de Julieta lo devolvía a la vida. Llega su criado Baltasar con la noticia de la muerte y del entierro. La carta de fray Lorenzo no ha llegado. Romeo compra a un boticario miserable un veneno de efecto inmediato y sale hacia Verona.
Escena 2. Fray Juan, el mensajero, explica a fray Lorenzo que no pudo salir de la ciudad porque la peste había cerrado la casa donde se alojaba: la carta no ha viajado. El fraile calcula que Julieta despertará en tres horas y va al panteón con una palanqueta.
Escena 3. Paris está en el cementerio llevando flores cuando llega Romeo con las herramientas para abrir la tumba. Se baten; Paris muere y Romeo, cumpliendo su última voluntad, lo mete en el panteón. Dentro contempla a Julieta, cuyo color no ha desaparecido, bebe el veneno y muere. Llega fray Lorenzo con un momento de retraso. Julieta despierta, ve a su marido muerto, se niega a huir con el fraile, intenta apurar el veneno de sus labios y se mata con su puñal. Acuden el príncipe, los Capuleto y Montesco, que llega viudo: su mujer ha muerto de pena por el destierro de su hijo, y fray Lorenzo lo cuenta todo. El príncipe reparte la culpa entre las dos casas y también sobre sí mismo por haber tolerado la enemistad, y los dos padres acuerdan levantar sendas estatuas de oro al hijo del otro.
LA OBRA Y SU LECTURA
La lectura corriente de Romeo y Julieta la convierte en un himno al amor absoluto, y la obra la admite: es el origen de casi todo el vocabulario romántico occidental. Pero el texto sostiene a la vez su propia objeción, y la pone en boca del personaje que casa a los amantes. Fray Lorenzo dice que los amores violentos tienen fines violentos y que hay que amar con moderación, y la trama le da la razón dos veces: Romeo, que en el acto I se muere por Rosalina, la olvida en el tiempo que tarda en cruzar un salón, y el mismo impulso que le hace enamorarse en una noche le hace comprar el veneno sin comprobar una noticia. El prólogo llama a los amantes star-crossed, cruzados por las estrellas, y desde el siglo XVIII se discute si la obra es una tragedia de destino o de precipitación. El detalle que inclina la balanza es minúsculo y muy poco poético: la carta de fray Lorenzo no llega porque una cuarentena por peste retuvo al mensajero.
La segunda cosa que el tópico borra es la edad. El texto dice que a Julieta le faltan dos semanas para cumplir catorce años, y su madre le recuerda que en Verona hay damas más jóvenes que ya son madres, ella misma lo era a esa edad. La fuente inmediata de Shakespeare, el poema narrativo The Tragicall Historye of Romeus and Juliet de Arthur Brooke (1562), le daba dieciséis; Shakespeare se los quitó. Y en Brooke la historia es un relato moral contra la desobediencia de los hijos, con los amantes castigados por saltarse a sus padres y por fiarse de un fraile supersticioso; el cambio de Shakespeare no consiste en añadir el amor, que ya estaba, sino en quitar la moraleja y ponerle un reloj de cuatro días.
Queda la cuestión textual, que importa para cualquier cita. Hay dos ediciones antiguas muy distintas: el primer cuarto de 1597, más corto y probablemente reconstruido de memoria por actores, y el segundo de 1599, mucho más extenso y considerado próximo al manuscrito. Las ediciones modernas mezclan los dos, así que la numeración de los versos varía de una a otra, y la célebre pregunta de Julieta, «¿por qué eres Romeo?», no es la petición de una ubicación, como la vuelve el uso corriente de wherefore, sino la pregunta por la razón de un nombre.