Fuenteovejuna, Lope de Vega: resumen por actos

Fuenteovejuna es una obra de teatro de Lope de Vega. Fue publicada en 1619. Narra el levantamiento de los habitantes de una villa cordobesa contra los abusos de su señor feudal y su posterior perdón por parte de los Reyes Católicos.

RESUMEN POR ACTOS

Acto 1

El comendador Fernán Gómez de Guzmán llega a la casa del maestre de la Orden de Calatrava, el joven Rodrigo Téllez Girón, en la ciudad de Almagro. Tras quejarse por la demora en ser recibido, el Comendador le recuerda al Maestre su juventud y la deuda que tiene con él por haberlo ayudado a alcanzar su cargo. A continuación, lo insta a tomar las armas a favor de Juana la Beltraneja y en contra de los Reyes Católicos, Isabel y Fernando. Específicamente, le pide que ataque y conquiste Ciudad Real, un punto estratégico que divide a Castilla de Andalucía. El Maestre acepta el consejo y reúne a sus tropas para la campaña. Mientras tanto, en la villa de Fuenteovejuna, las campesinas Laurencia y Pascuala conversan sobre el Comendador. Laurencia expresa su profundo rechazo hacia él, ya que lleva un mes persiguiéndola a través de sus criados, Flores y Ortuño. Ella afirma que prefiere la vida rústica y sencilla del campo antes que ceder a los deseos del noble. Poco después, llegan Frondoso, Barrildo y Mengo. Los tres hombres vienen debatiendo sobre la naturaleza del amor. Mengo, que es el gracioso del pueblo, argumenta que no existe más amor que el amor propio, mientras que Frondoso y Barrildo defienden la existencia del amor natural y altruista. Al pedir la opinión de las mujeres, Laurencia le da la razón a Mengo, afirmando que ella no ama a ninguno de sus pretendientes. La conversación se interrumpe con la llegada del Comendador, que regresa victorioso de la toma de Ciudad Real. Los habitantes del pueblo, liderados por el alcalde Esteban, que es el padre de Laurencia, y el regidor Alonso, lo reciben con grandes honores y le entregan abundantes regalos de comida provenientes de sus cosechas. El Comendador acepta los presentes y despide a los hombres, pero ordena a sus criados que detengan a Laurencia y Pascuala. Intenta obligarlas a entrar en su casa, pero las mujeres se resisten a sus insinuaciones y logran escapar. La acción se traslada a la corte, donde el rey Fernando y la reina Isabel reciben a dos regidores de Ciudad Real, quienes les informan que la ciudad ha caído en manos de la Orden de Calatrava. Los monarcas ordenan inmediatamente a Rodrigo Manrique y Gómez Manrique que lleven tropas para recuperar la plaza. De vuelta en Fuenteovejuna, Laurencia se encuentra en el bosque cuando Frondoso la halla. Él le declara su profundo amor, pero ella mantiene su actitud distante. De repente, escuchan que se acerca el Comendador, que está de caza. Frondoso se esconde entre las ramas. El Comendador encuentra a Laurencia sola, deja su ballesta en el suelo e intenta violarla. En ese momento, Frondoso sale de su escondite, toma la ballesta del Comendador y le apunta al pecho. Le exige que suelte a Laurencia. Una vez que ella logra escapar, Frondoso se aleja llevándose la ballesta, dejando al Comendador humillado, furioso y jurando venganza contra el campesino que se atrevió a amenazarlo.

Acto 2

En la plaza de Fuenteovejuna, Esteban y un regidor hablan sobre la escasez de reservas de grano del pueblo y se quejan del comportamiento tiránico del Comendador. Leonelo, un estudiante que acaba de regresar de la Universidad de Salamanca, se une a ellos y debate con Barrildo sobre la invención de la imprenta y el valor de los libros. El Comendador entra en la plaza acompañado por sus criados, Flores y Ortuño. De forma arrogante, exige a Esteban que obligue a su hija Laurencia a someterse a sus deseos. Esteban y los demás aldeanos rechazan firmemente esta exigencia, recordándole al Comendador que ellos también son personas honradas a pesar de ser campesinos y que debe respetarlos. El Comendador, enfurecido por lo que considera una insolencia, los insulta llamándolos villanos y bestias, y les ordena que abandonen la plaza inmediatamente. Al quedarse solo con sus criados, el Comendador se queja del orgullo de los campesinos y enumera a las otras mujeres del pueblo de las que ya ha abusado. Un soldado llega de repente con noticias urgentes: las tropas de los Reyes Católicos han puesto sitio a Ciudad Real y el Maestre de Calatrava necesita su ayuda inmediata. El Comendador reúne a sus hombres a toda prisa para partir al combate. Mientras tanto, en el campo, Laurencia y Pascuala están con Mengo. Jacinta entra corriendo, aterrorizada, huyendo de los criados del Comendador que intentan capturarla para su señor. Mengo da un paso al frente para protegerla y se enfrenta a los criados. El Comendador llega en su camino hacia Ciudad Real y, en lugar de detener a sus hombres, ordena que aten a Mengo a una encina y lo azoten brutalmente. Además, entrega a Jacinta a sus soldados para que la utilicen como equipaje y abusen de ella, ignorando sus súplicas y su condición de mujer honrada. Tras este cruel suceso, Laurencia y Frondoso se vuelven a encontrar. Laurencia, conmovida por la valentía que Frondoso demostró en el bosque y por su devoción constante, finalmente acepta su propuesta de matrimonio. Frondoso le pide a Esteban la mano de su hija. Esteban da su bendición con alegría, destacando el buen carácter del joven, y todo el pueblo comienza a preparar la boda. La celebración se lleva a cabo con música, bailes y gran regocijo entre los campesinos. Sin embargo, la festividad es interrumpida bruscamente por el regreso del Comendador, que ha sido derrotado en Ciudad Real por las tropas reales. Frustrado y furioso por su pérdida militar, decide vengarse del pueblo. Ordena a sus hombres que arresten a Frondoso por el incidente de la ballesta y manda que Laurencia sea llevada a su encomienda. Cuando Esteban intenta intervenir y protestar por esta injusticia, el Comendador le arrebata la vara de alcalde de las manos y lo golpea con ella. El Comendador y sus hombres se marchan con los cautivos, dejando a los habitantes de la villa en un estado de conmoción, dolor y absoluta impotencia.

Acto 3

Los hombres de Fuenteovejuna se reúnen en secreto en la sala del concejo para deliberar sobre cómo responder a las crecientes atrocidades del Comendador. Esteban, aún dolorido por los golpes, insta a los hombres a tomar medidas drásticas. Debaten varias opciones, como enviar una delegación a los Reyes Católicos para pedir justicia o abandonar el pueblo por completo. Algunos defienden la cautela, temiendo el poder militar de su señor. De repente, Laurencia irrumpe en la sala. Está despeinada, con la ropa rota y muestra marcas de abuso físico, tras haber logrado escapar de la casa del Comendador. En un discurso apasionado y furioso, reprende a los hombres del pueblo, incluido su propio padre, llamándolos cobardes, ovejas, liebres y gallinas por permitir que sus mujeres sean secuestradas y violadas sin luchar. Declara que las mujeres tomarán las armas y defenderán su propio honor si los hombres no lo hacen. Sus palabras encienden los ánimos de los aldeanos. Los hombres, invadidos por la vergüenza y la ira, se unen finalmente y deciden matar al tirano. Toman las armas que encuentran a su disposición, como espadas, horcas y piedras, y marchan hacia la casa del Comendador al grito de «¡Fuenteovejuna! ¡Mueran los tiranos!». Las mujeres, lideradas por Laurencia, también forman su propio batallón para unirse al asalto. En la encomienda, el Comendador se prepara para ahorcar a Frondoso. Al escuchar a la multitud enfurecida derribando las puertas, se da cuenta del peligro e intenta negociar, ofreciendo liberar a Frondoso y reparar los daños. Los aldeanos se niegan a escuchar, irrumpen en la habitación y matan al Comendador. También atacan a sus criados; Flores resulta gravemente herido pero logra escapar, mientras que Ortuño muere. Los aldeanos celebran entonces su liberación paseando la cabeza del Comendador en una pica. Mientras tanto, en la corte, el rey Fernando y la reina Isabel celebran la exitosa recuperación de Ciudad Real. Flores llega sangrando y exhausto, y se arroja a los pies del Rey. Relata el asesinato del Comendador, retratando a los habitantes de Fuenteovejuna como rebeldes sedientos de sangre que asesinaron a su señor legítimo sin provocación. Consternado por esta alteración del orden, el Rey envía a un juez pesquisidor al pueblo para investigar el crimen y castigar a los culpables. En Fuenteovejuna, los aldeanos anticipan la investigación real. Celebran una reunión y acuerdan un pacto colectivo: pase lo que pase, cuando se les pregunte quién mató al Comendador, todos darán exactamente la misma respuesta: «Fuenteovejuna lo hizo». El juez llega y establece una sala de tortura. Tortura sistemáticamente a varios aldeanos, incluidos ancianos, mujeres y niños, para extraer una confesión. Tortura a Mengo con dureza, pero a pesar del inmenso dolor, Mengo y todos los demás se mantienen fieles a la frase acordada, respondiendo únicamente «Fuenteovejuna lo hizo» cuando se les pregunta quién cometió el asesinato. Frustrado e incapaz de romper su unidad, el juez regresa ante el Rey. Le informa que no ha podido encontrar a ningún culpable individual y que el monarca solo tiene dos opciones: perdonar a todo el pueblo o ejecutarlos a todos. Los habitantes de Fuenteovejuna llegan entonces a la corte en persona. Esteban y los demás se arrodillan ante los Reyes Católicos. Explican la insoportable tiranía, las violaciones y los abusos que sufrieron bajo el mando del Comendador, lo que los llevó a cometer su acto desesperado. Prometen su absoluta lealtad a la Corona y piden ser súbditos directos del Rey. El rey Fernando, reconociendo la justicia de su causa y la falta de pruebas individuales, decreta el perdón real para todo el pueblo y toma a Fuenteovejuna bajo su jurisdicción directa hasta que se nombre a un nuevo comendador.

Redacción de Ikusmira (2026). "Fuenteovejuna, Lope de Vega: resumen por actos". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/resumenes/fuenteovejuna/