Crimen y castigo, Fiódor Dostoievski: resumen por capítulos

Crimen y castigo es una novela de Fiódor Dostoievski publicada en 1866. Narra el asesinato de una vieja usurera cometido por un antiguo estudiante de derecho, Rodión Raskólnikov, que se ha convencido de que ciertos hombres extraordinarios tienen derecho a transgredir la ley moral en beneficio de la humanidad, y sigue después la desintegración psicológica de quien descubre que la teoría no lo protege de las consecuencias. La novela se organiza en seis partes y un epílogo, y transcurre casi entera en el San Petersburgo asfixiante de un verano.

RESUMEN POR CAPÍTULOS

Primera parte, capítulos 1-3: el ensayo

Rodión Románovich Raskólnikov, ex estudiante de derecho arruinado, vive en un cuchitril bajo el tejado de una pensión petersburguesa, debe meses de alquiler y evita a su casera. Empeña un reloj en casa de Aliona Ivánovna, una vieja usurera avara que maltrata a su hermana Lizaveta, y sale de allí con la sensación de haber hecho un ensayo: lleva semanas dando vueltas a un plan que no se atreve a nombrar. En una taberna conoce a Marmeládov, funcionario alcoholizado que le cuenta con orgullo y vergüenza su propia ruina: su mujer Katerina Ivánovna, tuberculosa y con tres hijos pequeños, y su hija Sonia, que se ha inscrito como prostituta para mantener a la familia. Al volver a casa, Raskólnikov recibe una carta de su madre, Pulqueria Aleksándrovna: su hermana Dunia ha dejado la casa de los Svidrigáilov, donde era institutriz, tras el acoso del señor, y se ha comprometido con Luzhin, un abogado de Petersburgo mucho mayor que ella. La carta es la carta de dos mujeres que se sacrifican por él, y lo lee como una acusación.

Primera parte, capítulos 4-7: el crimen

Raskólnikov comprende que Dunia se vende a Luzhin igual que Sonia se vende en la calle, y ese pensamiento lo empuja al límite. Duerme y sueña con una escena de su infancia: unos campesinos borrachos apalean hasta matarla a una yegua vieja que no puede tirar de la carreta, y el niño que él era se abraza al hocico del animal. Al despertar cree haber renunciado al plan; entonces oye por casualidad en el Mercado del Heno que Aliona estará sola a las siete de la tarde siguiente, y también, en una taberna, a un estudiante que argumenta ante un oficial que matar a esa vieja inútil y repartir su dinero sería un servicio a la humanidad. Toda su teoría le llega desde fuera y en voz de otros. Cose un lazo en el forro del abrigo para el hacha, prepara un falso empeño envuelto en papel, roba el hacha de la portería y sube. Mata a Aliona con dos golpes de hacha en la cabeza; mientras registra el baúl regresa inesperadamente Lizaveta y la mata también. Casi lo sorprenden dos visitantes en la escalera, se salva escondiéndose en un piso vacío que están pintando, y llega a su cuarto con el botín sin haber contado siquiera lo que se lleva.

Segunda parte: la fiebre

A la mañana siguiente recibe una citación de la comisaría, por la deuda con la casera, y pierde el conocimiento cuando oye a dos funcionarios comentar el crimen. Esconde el bolso y los objetos bajo una piedra en un patio, sin usar nada de ello. Cae en un delirio de varios días, cuidado por su amigo Razumijin (leal, ruidoso y práctico) y por el médico Zosímov. En cuanto se levanta, empieza a hacer exactamente lo que no debe: provoca al funcionario Zamiótov en una taberna hablando de cómo actuaría un asesino inteligente, vuelve al escenario del crimen y pregunta por la sangre. En la calle presencia el atropello mortal de Marmeládov, lo acompaña a su casa, entrega a la familia el poco dinero que le queda y conoce a Sonia.

Tercera parte: Porfiri

Su madre y su hermana llegan a Petersburgo. En la escena con Luzhin, un hombre satisfecho de sí mismo que ha elegido a Dunia precisamente porque es pobre y le deberá gratitud, Raskólnikov rompe el compromiso a gritos y Dunia lo confirma después con calma. Razumijin se enamora de ella. Raskólnikov acude con su amigo a ver al juez de instrucción Porfiri Petróvich, con el pretexto de reclamar los objetos empeñados, y la conversación se convierte en el primer combate: Porfiri ha leído un artículo que Raskólnikov publicó meses atrás, «Sobre el crimen», y le pide que lo explique. La tesis es que la humanidad se divide en hombres ordinarios, que deben obedecer, y hombres extraordinarios, que tienen derecho, incluso el deber, de saltar por encima de la ley si su idea lo exige; Napoleón como ejemplo. Porfiri no acusa a nadie: escucha, sonríe, tiende trampas verbales y deja al sospechoso hablando solo. Al salir, un desconocido se cruza con Raskólnikov en la calle y le dice a la cara: «asesino».

Cuarta parte: Lázaro

Aparece Svidrigáilov, el antiguo patrón de Dunia, un hombre culto, cínico y sin escrúpulos, cuya esposa Marfa Petrovna acaba de morir en circunstancias oscuras; ofrece diez mil rublos a Dunia para liberarla del matrimonio con Luzhin, sin ocultar que sigue deseándola. Luzhin es despedido definitivamente por la familia. Raskólnikov visita a Sonia y le pide que le lea en la Biblia la resurrección de Lázaro; la escena es el centro moral del libro: el asesino que no cree y la prostituta que cree se reconocen como los dos únicos personajes que han transgredido de verdad. Sigue el segundo interrogatorio de Porfiri, un duelo psicológico en el que el juez le explica al sospechoso cómo se caza a un sospechoso y le anuncia que la naturaleza misma lo entregará. Cuando Raskólnikov está a punto de quebrarse, irrumpe Nikolái, un pintor de brocha gorda, y confiesa los asesinatos que no ha cometido. La confesión falsa le devuelve el aire.

Quinta parte: la confesión a Sonia

En la comida funeraria por Marmeládov, Luzhin ejecuta su venganza: ha metido a escondidas un billete de cien rublos en el bolsillo de Sonia y la acusa de robo delante de todos. Lebeziátnikov, que lo vio hacerlo, lo desenmascara, y Raskólnikov comprende que su propia lógica, los medios sucios al servicio de un fin, es la de Luzhin. Va a casa de Sonia y le confiesa los dos crímenes. Ella no lo juzga; le dice que se levante, que vaya a la plaza, que bese la tierra que ha ensuciado, que confiese en voz alta y acepte el sufrimiento, y que ella lo seguirá a donde lo lleven. Le da su cruz de ciprés. En el cuarto de al lado, Svidrigáilov lo ha oído todo. Katerina Ivánovna muere escupiendo sangre en la calle y Svidrigáilov paga el entierro y coloca a los niños en un orfanato, con una generosidad que no le sirve de nada.

Sexta parte: el suicidio y la entrega

Porfiri visita a Raskólnikov en su cuarto y deja de fingir: sabe que fue él, no tiene pruebas suficientes, y le aconseja confesar para que el tribunal le tenga en cuenta la entrega voluntaria; le da dos días. Svidrigáilov, en su última noche, cuenta su vida sin arrepentirse de nada, atrae a Dunia a un piso vacío y la encierra; ella le dispara con un revólver y solo le roza la cabeza, y él, al comprender que jamás lo querrá, abre la puerta y la deja marchar. Pasa la noche en una fonda inmunda, entre pesadillas, y al amanecer se pega un tiro delante de un vigilante, a quien anuncia que se va a América. Raskólnikov se despide de su madre sin poder decirle nada y de su hermana diciéndole casi todo, baja al Mercado del Heno, se arrodilla y besa la tierra ante la gente, que lo toma por un borracho, y entra en la comisaría. Allí escucha la noticia del suicidio de Svidrigáilov, sale sin haber dicho nada, ve a Sonia esperándolo en la acera con el rostro desencajado, vuelve a entrar y declara: fue él quien mató con un hacha a la vieja usurera y a su hermana Lizaveta.

Epílogo: Siberia

El tribunal aprecia numerosas circunstancias atenuantes (la entrega voluntaria, el estado de enfermedad, la ausencia de provecho, actos de caridad probados de su vida anterior) y lo condena a ocho años de trabajos forzados en Siberia. Su madre muere sin saber la verdad, en un delirio que la protege; Dunia se casa con Razumijin. Sonia lo sigue al penal, se instala en la ciudad y vive de la costura. Durante año y medio Raskólnikov permanece intacto en su orgullo: no se arrepiente del crimen, solo de haber fracasado, y los demás presidiarios lo odian por su distancia. Enferma y sueña con una plaga de microbios inteligentes que hace que todos los infectados se crean poseedores de la verdad absoluta y se maten entre sí. Después, una mañana de la segunda Pascua, en la orilla del río, ve llegar a Sonia y se echa a sus pies llorando; ninguno de los dos habla, y la resurrección empieza ahí. Quedan siete años de condena. Dostoievski cierra el libro advirtiendo que esa historia, la de la lenta renovación de un hombre, sería otra novela, y que esta termina.

Redacción de Ikusmira (2026). "Crimen y castigo, Fiódor Dostoievski: resumen por capítulos". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/resumenes/crimen-y-castigo/