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Velocidad de obturación

La velocidad de obturación es el tiempo durante el cual la luz que ha atravesado el objetivo alcanza el sensor o la película. El nombre es engañoso por dos motivos: no mide una velocidad sino una duración, y lo que se ajusta no es la rapidez del obturador sino cuánto permanece abierto. En la cámara aparece como una fracción de segundo —1/500, 1/60, 1/4— y en la escala clásica cada valor duplica o divide por dos el anterior, de modo que un paso de obturación equivale exactamente a un paso de diafragma o de sensibilidad ISO. Esa equivalencia es la que permite compensar: al cerrar un paso el diafragma y duplicar el tiempo, la exposición resultante es idéntica, pero la imagen no lo es.

Y no lo es porque la obturación es el único de los tres parámetros que decide cómo se registra el tiempo. Todo lo que se mueva durante la apertura —el sujeto, la cámara o ambos— se acumula sobre el mismo punto del sensor y produce un rastro. Congelar o dejar fluir ese rastro es una decisión estética antes que técnica, y es la única de la fotografía que no tiene equivalente en la pintura. Un 1/2000 detiene una gota de agua en el aire; un segundo convierte una cascada en una masa continua y blanca; treinta segundos borran de la escena a todo peatón que no se haya detenido, que es el motivo por el que las fotografías arquitectónicas de larga exposición muestran calles imposiblemente vacías. La misma técnica que hoy se usa por gusto era en el siglo XIX una imposición: los tiempos de minutos del daguerrotipo explican por qué los primeros retratos exigen reposacabezas y por qué las primeras vistas urbanas parecen deshabitadas.

Secuencia de doce fotogramas de un caballo al galope, Eadweard Muybridge, 1878
Fig. 1 Eadweard Muybridge, Sallie Gardner al galope (1878). Doce cámaras alineadas junto a la pista, disparadas por hilos que el propio caballo cortaba, con obturadores que Muybridge cifró en una milésima de segundo. La serie resolvió una apuesta —si el caballo tiene en algún momento las cuatro patas en el aire— y de paso demostró que el ojo no ve lo que cree ver: la pintura ecuestre llevaba siglos representando un galope que no existe.Eadweard Muybridge · 1878 · Dominio público · Wikimedia Commons

Para el trepidado de la cámara existe una regla heredada de la fotografía de película: el tiempo más largo que se puede sostener a mano libre es aproximadamente el inverso de la distancia focal, es decir 1/50 con un 50 mm y 1/200 con un 200 mm. La lógica es que el desplazamiento angular de la mano se amplifica en proporción a la distancia focal. La regla sigue siendo un punto de partida razonable, pero está calibrada para el grano de la película y para copias pequeñas: con sensores de más de veinte megapíxeles examinados al cien por cien conviene doblarla, y en un sensor recortado hay que aplicarla a la focal equivalente y no a la nominal. La estabilización óptica o por desplazamiento del sensor compra entre tres y siete pasos —los fabricantes anuncian la cifra medida en banco, según una norma que no reproduce el pulso real— y no hace absolutamente nada contra el movimiento del sujeto, confusión que produce más fotografías fallidas que cualquier otra en fotografía de interior.

El obturador físico impone además sus propios límites. En una cámara de formato pequeño el obturador es de plano focal y consta de dos cortinillas que recorren el sensor en secuencia: la primera lo destapa y la segunda lo vuelve a tapar. Mientras el tiempo de exposición es más largo que el que tarda una cortinilla en cruzar, existe un instante en que el sensor está descubierto por completo, y solo entonces puede dispararse un flash que ilumine todo el cuadro. Ese tiempo límite es la velocidad de sincronización, típicamente entre 1/200 y 1/320, y es la razón por la que un flash usado a 1/1000 deja una banda negra: es la sombra de la cortinilla. Por debajo de la sincronización, la exposición ya no se controla con el tiempo sino con la duración del destello, que puede bajar de 1/10000 de segundo; de ahí que en estudio la obturación deje de ser el parámetro que congela el movimiento y pase a ser el que decide cuánta luz ambiente se mezcla con la del flash.

El obturador electrónico —leer el sensor progresivamente, sin partes móviles— elimina el ruido, la vibración y el desgaste, y permite tiempos de 1/32000, pero introduce el artefacto conocido como rolling shutter: como las filas de píxeles no se leen simultáneamente sino en secuencia, cada una registra un instante ligeramente distinto y los objetos rápidos aparecen inclinados o curvados. El caso célebre es la hélice de un avión convertida en un aspa doblada, y el molesto es el poste vertical que se tuerce en una panorámica rápida. Un sensor apilado con lectura rápida reduce el barrido a menos de dos milisegundos y el problema casi desaparece; en un sensor convencional puede acercarse a los treinta milisegundos, tiempo suficiente para deformar visiblemente cualquier acción deportiva. El obturador electrónico añade también parpadeo bajo iluminación artificial, porque la lectura secuencial cruza los ciclos de la red y deja bandas de brillo distinto.

Hay dos malentendidos que conviene desmontar. El primero es que un tiempo más corto siempre da una imagen más nítida: acortar obliga a abrir el diafragma o a subir el ISO, y a partir de cierto punto el ruido y las aberraciones destruyen más detalle del que salva la congelación del movimiento. El segundo es que el desenfoque de movimiento es un defecto. Es una convención de lectura: el cine se rodó durante un siglo con un obturador de 180 grados —tiempo igual a la mitad del intervalo entre fotogramas, es decir 1/48 a 24 imágenes por segundo— y el resultado es el rastro moderado que el espectador reconoce como movimiento natural. Rodar con tiempos mucho más cortos produce la imagen entrecortada y extrañamente artificial que se reprochó a las escenas de acción de El Hobbit; la nitidez, en ese caso, se percibió como error. La velocidad de obturación no es un ajuste que haya que optimizar, sino la magnitud con la que el fotógrafo decide cuánto tiempo cabe en una imagen.

ExposiciónDiafragma y número fSensibilidad ISOEnfoque

Sarasola, Eneko (2026). "Velocidad de obturación". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/velocidad-de-obturacion/

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