La línea de pobreza es el umbral de recursos por debajo del cual se considera que un hogar es pobre, y su definición no es un dato sino una decisión. Existen dos familias de umbrales que responden a preguntas distintas: los absolutos, que fijan una cantidad necesaria para cubrir un conjunto de necesidades y la actualizan solo con los precios, y los relativos, que la definen como una fracción de la renta típica del país en cada momento. El umbral europeo estándar es relativo: se considera en riesgo de pobreza a quien vive en un hogar cuya renta disponible equivalente es inferior al 60 % de la mediana nacional.
El primer umbral moderno lo construyó Seebohm Rowntree en York en 1901 sumando el coste de una dieta mínima, del alquiler y de la ropa indispensable, y llamando pobreza primaria a la situación de quien no llegaba a esa cifra ni gastando con perfecta eficiencia. Su método —una cesta de necesidades convertida en dinero— es el antepasado directo de los umbrales absolutos y del que sigue usando el Banco Mundial para su línea internacional de pobreza extrema.
La objeción a los umbrales absolutos es que las necesidades no son solo fisiológicas. Peter Townsend la formuló en 1979 en su encuesta del Reino Unido: ser pobre en una sociedad concreta significa carecer de los recursos para participar en las actividades y tener las condiciones de vida que en esa sociedad se dan por normales, y eso incluye cosas que ninguna tabla de calorías recoge. Amartya Sen replicó en 1983 con la objeción contraria y también válida: si la pobreza se define solo por comparación, entonces por definición no puede desaparecer nunca en ningún país, y una hambruna en un país uniformemente pobre no contaría como pobreza. Su propuesta fue separar las capacidades —lo que una persona puede efectivamente hacer y ser— de los bienes con que se consiguen, admitiendo que la cantidad de bienes necesaria para una misma capacidad es distinta en cada sociedad. La discusión Townsend-Sen es el eje del asunto y no se ha cerrado.
Lo que interesa a quien lee una noticia es que el umbral relativo produce dos efectos contraintuitivos que se malinterpretan cada año. El primero es que la tasa de pobreza relativa puede bajar en una recesión sin que nadie mejore: si la mediana de renta cae, el umbral cae con ella, y hogares que no han visto aumentar un euro de ingresos pasan a estar por encima. Ocurrió en varios países del sur de Europa entre 2009 y 2013, y de ahí la práctica de publicar además un umbral «anclado» en un año base y actualizado solo con la inflación, que es el que muestra el deterioro real. El segundo es simétrico: un crecimiento generalizado que suba todas las rentas en la misma proporción deja la tasa exactamente igual, porque el umbral se mueve al mismo ritmo.
Hay una tercera decisión, técnica y decisiva, que casi nunca se menciona: la escala de equivalencia. La renta de un hogar no se divide entre el número de miembros, porque conviven economías de escala —una vivienda calienta a cuatro personas casi por el mismo coste que a una— y porque un niño y un adulto no consumen igual. La escala que usa Eurostat, llamada OCDE modificada, asigna peso 1 al primer adulto, 0,5 a cada adulto siguiente y 0,3 a cada menor de catorce años. Cambiar esos pesos cambia qué hogares aparecen como pobres, y traslada la tasa entre las familias numerosas y las personas que viven solas. Es un parámetro elegido por convención, y una parte de las comparaciones internacionales de pobreza infantil depende de él más de lo que sus titulares sugieren.
Precisamente porque una sola línea de renta captura poco, los indicadores oficiales han ido incorporando otras dimensiones. El indicador europeo AROPE cuenta a quien cumple al menos una de tres condiciones: estar bajo el umbral del 60 % de la mediana, sufrir privación material y social severa —una lista de carencias concretas, como no poder mantener la vivienda a temperatura adecuada o no poder afrontar un gasto imprevisto— o vivir en un hogar con muy baja intensidad de trabajo. Sabina Alkire y James Foster desarrollaron en 2011 el método que sostiene el índice de pobreza multidimensional usado por Naciones Unidas, que combina indicadores de salud, educación y nivel de vida y permite además descomponer el resultado por dimensión, de modo que se ve no solo cuánta gente es pobre sino en qué lo es.
La conclusión que conviene retener al leer cualquier cifra de pobreza es que hay que preguntar tres cosas antes de interpretarla: si el umbral es relativo o absoluto, si está anclado en un año o se mueve con la mediana, y qué escala de equivalencia se ha aplicado. Con las tres respuestas, la cifra es informativa. Sin ellas, dos titulares que dicen lo contrario sobre el mismo país pueden ser los dos correctos.
Fuentes
- Benjamin Seebohm RowntreePoverty: A Study of Town LifeMacmillan, Londres1901
- Peter TownsendPoverty in the United Kingdom: A Survey of Household Resources and Standards of LivingPenguin, Harmondsworth1979
- Amartya SenPoor, Relatively SpeakingOxford Economic Papers 35(2)1983
- Sabina Alkire y James FosterCounting and Multidimensional Poverty MeasurementJournal of Public Economics 95(7-8)2011
- EurostatGlossary: At risk of poverty or social exclusion (AROPE)Comisión Europea, Statistics Explained2021