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La invención de la heterosexualidad

La heterosexualidad no es un dato de la naturaleza sino una categoría con fecha de nacimiento: la palabra se escribe por primera vez el 6 de mayo de 1868, en una carta privada, y llega al vocabulario médico veinte años después. Que existan desde siempre hombres que desean mujeres es obvio y no está en discusión. Lo que tiene historia —y una historia corta— es la idea de que ese deseo defina un tipo de persona, que esa persona tenga un opuesto simétrico y que la pareja de categorías sirva para clasificar a la población entera. Antes de 1868 no había heterosexuales por la misma razón por la que antes de Linneo no había mamíferos: había animales que amamantan, pero no la casilla.

Detalle manuscrito de una carta del siglo XIX en alemán, con una palabra resaltada en el centro del texto
Fig. 1 La carta del 6 de mayo de 1868 de Karl Maria Kertbeny a Karl Heinrich Ulrichs, con la palabra resaltada. Es la primera aparición documentada de Homosexualität. En la misma carta aparece también Heterosexualität: las dos nacen a la vez, y nacen no en una clínica sino en un intercambio entre dos activistas que discutían cómo derogar un artículo del código penal prusiano.Unknown author Unknown author · 1868 · Dominio público · Wikimedia Commons

Quien las escribió fue Karl Maria Kertbeny, periodista húngaro-austríaco, en una carta a Karl Heinrich Ulrichs. Ulrichs venía defendiendo desde 1864 la despenalización con un argumento naturalista: existiría un tercer sexo, el urning, un alma de mujer en cuerpo de hombre; su deseo sería congénito y castigarlo, absurdo. Kertbeny no compartía la teoría y buscaba términos neutros, sin alma ni cuerpo dentro. Fabricó dos híbridos de griego y latín —homosexual y heterosexual— y los usó al año siguiente en un panfleto anónimo contra el §143 del código penal prusiano, cuyo argumento era estrictamente liberal: el Estado no tiene competencia sobre lo que dos adultos hagan en privado si no hay daño a terceros.

Portada tipográfica de un folleto alemán de 1869 sobre el artículo 143 del código penal prusiano
Fig. 2 El panfleto anónimo de 1869 donde las dos palabras aparecen impresas por primera vez. El título lo dice todo sobre el propósito: «Lo socialmente dañino del §143 del código penal prusiano». Kertbeny inventó heterosexual como pieza de una campaña de derogación, no como descubrimiento clínico.Karl Maria Kertbeny · 1869 · Dominio público · Wikimedia Commons
Retrato fotográfico del siglo XIX de un hombre con bigote, corbata de lazo y chaqueta oscura
Fig. 3 Karl Maria Kertbeny hacia 1865. Periodista, traductor y bibliógrafo, nunca fue médico ni científico. Las dos palabras con las que Occidente clasifica hoy el deseo las acuñó un activista que buscaba un vocabulario neutro para una campaña de derogación penal, y murió en 1882 sin que su autoría se conociera: no se le atribuyeron hasta 1905.photo: unknown; file: James Steakley · 1865 · Dominio público · Wikimedia Commons

El giro decisivo lo dio la psiquiatría, y no en la dirección que Kertbeny quería. Richard von Krafft-Ebing incorporó los términos a Psychopathia Sexualis (1886), el catálogo que definió el campo durante medio siglo, y al hacerlo los sacó del derecho y los metió en la nosología. En las primeras ediciones heterosexual ni siquiera significaba lo que hoy: designaba una perversión —el deseo por el otro sexo desligado de la reproducción—, y solo hacia 1900 se estabilizó como el nombre de la norma. Jonathan Ned Katz documentó ese deslizamiento con precisión: la heterosexualidad entró en el vocabulario como una patología menor y salió convertida en la salud misma. La operación es reveladora: para que exista una norma con nombre hace falta antes una desviación con nombre.

Página de un tratado alemán de psiquiatría del siglo XIX titulada «Konträre Verirrung des Sexuallebens»
Fig. 4 Una página de la 14.ª edición de Psychopathia Sexualis de Krafft-Ebing. El libro se publicó en 1886 con las partes más explícitas en latín, para que solo las leyeran médicos y juristas, y llegó a la decimoséptima edición. Es el vehículo por el que las dos palabras de Kertbeny pasaron del panfleto político al diagnóstico.Richard von Krafft-Ebing (1840–1902) · 1912 · Dominio público · Wikimedia Commons

Aquí entra la tesis que organiza toda la historiografía posterior, formulada por Michel Foucault en 1976: el paso de un régimen de actos a un régimen de identidades. Durante siglos la sodomía había sido una conducta prohibida —grave, castigada, a veces con la muerte—, pero una conducta al fin, en la que cualquiera podía caer igual que en la gula o el hurto. El sodomita era, en la fórmula de Foucault, un reincidente; el homosexual pasó a ser una especie. Con él, y por simetría obligada, apareció la otra especie. Es un cambio de gramática antes que de moral: cambia el sujeto del que se predica algo, y de pronto una biografía entera —la infancia, los gestos, la vocación, la forma de andar— puede leerse como síntoma de una esencia.

Que la categoría es histórica se comprueba en negativo, mirando lo que no cuadra. George Chauncey reconstruyó en Gay New York el mundo obrero neoyorquino de 1890 a 1940 y encontró un sistema de clasificación distinto e incompatible con el nuestro: lo que marcaba a un hombre no era con quién se acostaba sino cómo se comportaba. El fairy, afeminado y visible, era una categoría reconocida; el hombre que se acostaba con él sin dejar de ser masculino seguía siendo simplemente un hombre —trade—, y no había motivo para preguntarle por su identidad. La divisoria pasaba por el género, no por el objeto del deseo. La divisoria moderna, homo/hetero, es la que llegó después y desde arriba, con la clase media, y no acabó de imponerse en esos barrios hasta mediados del siglo XX.

Grabado de prensa de 1895 con varias viñetas del traslado y el juicio de Oscar Wilde, con una multitud alrededor del furgón
Fig. 5 The Illustrated Police News, 20 de abril de 1895: la llegada de Oscar Wilde a Bow Street. El proceso funcionó como acto de bautismo público. Antes de 1895 la mayoría del público británico no tenía una imagen mental del homosexual; después la tuvo, con vestuario, dicción y biografía, servida por la prensa ilustrada. La categoría médica y la figura popular se encontraron en un juicio.Illustrated Police News , a newspaper from the 19th century. · 1895 · Dominio público · Wikimedia Commons

Los juicios contra Oscar Wilde de 1895 sirven de bisagra visible. No inventaron nada, pero pusieron en circulación de golpe una figura reconocible y con detalles: el esteta, la ropa, los amigos, las cartas. David Halperin ha insistido en que ese momento no marca el nacimiento del deseo sino el de un modo de reconocerse y ser reconocido; a partir de ahí, quien tuviera ese deseo podía por primera vez pensarse como miembro de una clase de personas, con historia, agravios y, más tarde, política. Es la ironía del dispositivo: la misma maquinaria que clasificaba para vigilar proporcionó el nombre alrededor del cual se organizó la resistencia. Foucault lo llamó discurso de vuelta, y sin él no se entiende el siglo XX.

La objeción previsible es que todo esto sería un juego de palabras sobre algo perfectamente natural. Tiene respuesta empírica. Primero, ninguna sociedad anterior organizó su vocabulario sexual por el sexo del objeto de deseo: Grecia clasificaba por posición y edad, el Japón Tokugawa por edad y estatus, muchas culturas por rol de género y otras por posición en el sistema de parentesco. Segundo, la casilla no describe bien ni siquiera a quienes la habitan: desde Kinsey todas las encuestas encuentran que conducta, deseo e identidad se separan en una fracción grande de la población, y ninguna de las tres se deja reducir a las otras dos. Tercero, la categoría hace cosas: reparte derechos, ordena censos, decide quién hereda y quién visita en un hospital. Arnold Davidson lo formuló como epistemología histórica: no es que antes se ignorara la heterosexualidad, es que no había un estilo de razonamiento que la produjera como objeto.

De ahí la conclusión que interesa a la sociología, y que no es la trivial de que «todo es construido». Es más precisa: la heterosexualidad es una categoría reciente, asimétrica —se define por oposición a su contrario y funciona sobre todo cuando no se nombra— y sostenida por instituciones concretas que pueden fecharse, la psiquiatría, el código penal, el censo y la prensa. Lo que se llamó natural durante un siglo tenía autor, fecha y motivo. La construcción social más eficaz es siempre la que consigue no parecer construida.

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Fuentes

  1. Karl Maria KertbenyCarta a Karl Heinrich Ulrichs del 6 de mayo de 1868 (manuscrito)Kertbeny-Nachlass, Országos Széchényi Könyvtár, Budapest1868
  2. Anónimo [Karl Maria Kertbeny]Das Gemeinschädliche des § 143 des preussischen Strafgesetzbuches vom 14. April 1851Serbe's Verlag, Leipzig1869
  3. Richard von Krafft-EbingPsychopathia Sexualis. Eine klinisch-forensische StudieFerdinand Enke, Stuttgart1886
  4. Michel FoucaultHistoire de la sexualité I: La volonté de savoirGallimard, París1976
  5. Jonathan Ned KatzThe Invention of HeterosexualityDutton, Nueva York1995
  6. George ChaunceyGay New York: Gender, Urban Culture, and the Making of the Gay Male World, 1890-1940Basic Books, Nueva York1994
  7. David M. HalperinOne Hundred Years of Homosexuality and Other Essays on Greek LoveRoutledge, Nueva York1990
  8. Arnold I. DavidsonThe Emergence of Sexuality: Historical Epistemology and the Formation of ConceptsHarvard University Press, Cambridge2001
  9. Hanne BlankStraight: The Surprisingly Short History of HeterosexualityBeacon Press, Boston2012
Sarasola, Josemari (2026). "La invención de la heterosexualidad". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/la-invencion-de-la-heterosexualidad/

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