El calotipo —del griego kalós, bello— es el procedimiento fotográfico que William Henry Fox Talbot patentó en 1841 y con el que se impuso el principio que gobernó la fotografía durante siglo y medio: exponer un negativo y sacar de él tantos positivos como se quiera. Frente al daguerrotipo, que producía una placa única y de detalle insuperable, el calotipo daba una imagen de papel más blanda, más granulada y menos vendible; pero era reproducible, y esa sola propiedad decidió el futuro. Todo lo que vino después —el colodión húmedo, la placa seca, el carrete, el laboratorio, el contacto, la ampliadora— es desarrollo del esquema que Talbot fijó en Lacock.
Talbot era un caballero científico inglés de Wiltshire: matemático de formación, miembro de la Royal Society, publicaba sobre óptica, botánica y etimología. La idea le llegó en octubre de 1833, de vacaciones a orillas del lago de Como, intentando dibujar el paisaje con una cámara lúcida y comprobando que se le daba fatal. Anotó entonces la pregunta que define la fotografía: si las imágenes de la cámara oscura pudieran «imprimirse a sí mismas de forma duradera». De vuelta en Inglaterra empezó a bañar papel en sal común y nitrato de plata, obteniendo cloruro de plata sensible en las propias fibras. Con ese «dibujo fotogénico» hizo primero copias por contacto de hojas, encajes y plumas, y en agosto de 1835 metió el papel en cámaras diminutas que su mujer bautizó como «ratoneras». De ahí salió la ventana emplomada del salón sur de Lacock Abbey, el negativo más antiguo que se conserva: dos pulgadas y media de lado, con los ciento y pico cristalitos que Talbot contó, orgulloso, en su nota al margen.

Talbot no publicó nada durante cuatro años y estuvo a punto de pagarlo caro. El anuncio de Arago sobre el daguerrotipo, en enero de 1839, lo pilló desprevenido; en tres semanas presentó sus resultados en la Royal Society para reclamar prioridad. La comparación con Daguerre lo dejaba mal parado: sus imágenes eran pálidas y sus exposiciones, larguísimas. La solución vino en septiembre de 1840 y era la misma que había salvado a Daguerre: la imagen latente. Talbot descubrió que un papel yodurado y bañado en «galo-nitrato» de plata registraba en pocos minutos una imagen invisible que el mismo baño revelaba después. Eso rebajó las exposiciones de una hora a uno o dos minutos y convirtió el dibujo fotogénico en calotipo. Para fijarlo usó, como Herschel le había recomendado en 1839, el hiposulfito de sodio, un compuesto cuya capacidad de disolver las sales de plata había descrito el propio Herschel en 1819 y que sigue siendo el fijador de la fotografía química.

En 1844 Talbot empezó a publicar The Pencil of Nature, el primer libro comercial ilustrado con fotografías: seis entregas entre 1844 y 1846, con veinticuatro copias pegadas a mano y un texto que es a la vez manual, catálogo y prospecto. Ahí están, enunciados por primera vez, casi todos los usos que la fotografía tendría después: el inventario de una colección de porcelana como prueba en caso de robo, la copia de documentos, la reproducción de obras de arte, el retrato, el paisaje, la fotografía de arquitectura. Talbot había montado además, en Reading, un establecimiento para producir copias en serie: es el primer laboratorio fotográfico industrial de la historia y fracasó comercialmente, entre otras cosas porque las copias de aquellos años se desvanecían —el problema del «desvanecimiento» ocupó a un comité de la Photographic Society en 1855.

La patente de 1841 es la otra clave del asunto. Talbot registró el calotipo en Inglaterra y Gales y cobró licencias que iban de las cuatro guineas del aficionado a las cien libras del profesional, lo que estranguló el uso del papel justo donde más recursos había. En Escocia la patente no regía, y ahí ocurrió el mejor trabajo de la primera década: David Octavius Hill, pintor, y Robert Adamson, químico, produjeron entre 1843 y 1847 unos tres mil calotipos en Edimburgo. El encargo original era grotescamente pragmático —Hill tenía que pintar un cuadro con los cuatrocientos setenta ministros que se habían escindido de la Iglesia de Escocia y necesitaba apuntes de todas las caras—, pero lo que salió de ahí fue el primer cuerpo de retrato fotográfico con voluntad de estilo: luz lateral dura, poses de tres cuartos, manos ocupadas, y una serie sobre los pescadores de Newhaven que es el precedente más antiguo del reportaje social.

Fuera del retrato, el papel abrió una línea que el daguerrotipo tenía vedada: la del libro y la del catálogo científico. En octubre de 1843, unos meses antes de la primera entrega de The Pencil of Nature, la botánica Anna Atkins empezó a publicar por su cuenta Photographs of British Algae: Cyanotype Impressions, una obra en tres volúmenes con más de cuatrocientas planchas. Atkins usó el cianotipo que Herschel había descrito en 1842 —sales de hierro, azul de Prusia, ninguna plata— y colocó cada alga directamente sobre el papel. El resultado es a la vez la primera publicación ilustrada con fotografías de la historia y una solución elegante a un problema real de la botánica: dibujar un alga es interpretarla, y una silueta a tamaño natural no interpreta nada. Atkins hizo además el texto a mano, fotografiado también por contacto, con lo que el libro entero es fotográfico.

El calotipo perdió la partida comercial. Cuando en 1851 Frederick Scott Archer publicó el colodión húmedo sin patentarlo —un negativo de vidrio que juntaba el detalle del daguerrotipo con la reproducibilidad del papel—, la ventaja de Talbot se evaporó. Él intentó sostener que el colodión caía bajo su patente y llevó a juicio a un fotógrafo en 1854; el tribunal, en Talbot v. Laroche, le reconoció la condición de inventor del calotipo pero le negó que el nuevo proceso estuviera cubierto, y Talbot dejó de renovar sus derechos. Su procedimiento sobrevivió unos años entre viajeros y aficionados, que preferían un negativo de papel ligero e irrompible a un vidrio que había que sensibilizar y revelar en el sitio, y después desapareció.
Lo que no desapareció es la estructura. La distinción entre matriz y copia, la posibilidad de recortar, ampliar, retocar y tirar más ejemplares, la existencia de un archivo de negativos que sobrevive al positivo y permite reeditar la imagen decenios después: todo eso lo instaló el calotipo y todo eso siguió vigente hasta que el archivo dejó de ser físico. La reproductibilidad de la que hablaría Walter Benjamin en 1935 no nació en el daguerrotipo, que era un objeto único; nació en un papel yodurado de Wiltshire.
La cámara oscura – El daguerrotipo – El colodión húmedo – Aura y reproductibilidad técnica – Exposición – La nueva visión
Fuentes
- William Henry Fox TalbotThe Pencil of NatureLongman, Brown, Green and Longmans, Londres1844
- William Henry Fox TalbotSome Account of the Art of Photogenic DrawingRoyal Society, Londres1839
- Larry J. SchaafOut of the Shadows: Herschel, Talbot and the Invention of PhotographyYale University Press1992
- Anna AtkinsPhotographs of British Algae: Cyanotype Impressionsedición privada, Halstead Place1843
- Geoffrey BatchenBurning with Desire: The Conception of PhotographyMIT Press1997
- Sara StevensonDavid Octavius Hill and Robert Adamson: Catalogue of their CalotypesScottish National Portrait Gallery1981
- Mary Warner MarienPhotography: A Cultural HistoryLaurence King2014