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Efecto cobra

El efecto cobra designa el resultado de una política que, al premiar la reducción de un problema, crea el incentivo de producirlo. Es el caso extremo del incentivo perverso: la intervención no fracasa por insuficiente, sino que empeora activamente aquello que pretendía corregir, y lo empeora precisamente en la medida en que se aplica con energía. El nombre proviene de una anécdota colonial —la administración británica en la India ofreció una recompensa por cada cobra muerta y los vecinos empezaron a criar cobras para cobrarla; al suprimirse el premio, los criadores liberaron los animales sin valor y la población de serpientes quedó por encima de la inicial— popularizada por el economista alemán Horst Siebert en 2001. La anécdota india es difícil de documentar, pero el episodio equivalente de Hanói en 1902 está bien establecido: la administración colonial francesa pagaba por cada cola de rata entregada durante una campaña contra la peste, aparecieron ratas vivas sin cola por la ciudad y granjas de cría de roedores en las afueras.

Su lógica es la de la ley de Goodhart llevada al terreno de los pagos directos. Quien diseña la política mide una consecuencia observable —cobras muertas, colas de rata, coches viejos achatarrados— y supone que la única manera de aumentarla es reducir el problema de fondo. Casi nunca es la única manera, y rara vez la más barata. Los agentes económicos responden al incentivo tal como está escrito, no a la intención que lo inspiró, y en cuanto existe un mercado para el indicador aparece la oferta correspondiente. Los casos contemporáneos son abundantes y de coste elevado: el programa Hoy No Circula de la Ciudad de México, que prohibía circular un día por semana según la matrícula, incrementó el número de vehículos por hogar y la antigüedad media del parque, porque comprar un segundo coche barato resultó más económico que dejar de conducir. En Estados Unidos, la protección de especies amenazadas sobre terreno privado generó la tala preventiva de bosques susceptibles de albergar al pájaro protegido antes de que este apareciera. Los certificados de reducción de emisiones del gas refrigerante HFC-23 pagaban tanto por destruirlo que a varias plantas les resultó rentable fabricarlo para destruirlo después.

El efecto cobra separa dos cosas que la discusión pública suele confundir: la buena intención de una política y su diseño. Un programa puede ser socialmente deseable, estar bien financiado y contar con apoyo unánime, y producir sin embargo el resultado inverso porque paga por el sustituto equivocado. Las contramedidas conocidas son de diseño, no de voluntad: pagar por el resultado final y no por el proxy cuando el resultado final es medible; hacer que el pago sea decreciente o que se agote, para que criar el problema no tenga futuro; y comprobar antes de lanzarlo quién podría beneficiarse de que el problema exista, porque esa es la parte del expediente que rara vez se escribe. Cuando ninguna de las tres es posible, la alternativa razonable no es un incentivo mal diseñado, sino ninguno.

ExternalizaciónEficienciaParadoja de Jevons (efecto rebote)Tragedia de los anticomunes

Sarasola, Josemari (2026). "Efecto cobra". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/efecto-cobra/

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