Medir la sexualidad de una población es un problema metodológico peculiar: el objeto no se observa, solo se declara; la declaración depende de a quién se le hace y cómo; y la categoría por la que se pregunta no existía hace siglo y medio. Todo lo que se sabe estadísticamente sobre el asunto arrastra esas tres limitaciones a la vez, y casi todas las cifras que circulan en la discusión pública se citan como si no las tuvieran.

El punto de partida moderno son los dos volúmenes de Kinsey, 1948 para varones y 1953 para mujeres, construidos sobre unas 5.300 y 5.900 entrevistas personales respectivamente, cada una con entre 300 y 500 preguntas memorizadas por el entrevistador y anotadas en un código propio para proteger al informante. El hallazgo que cambió la conversación no fue ninguna cifra concreta sino la forma de la distribución: la conducta no se repartía en dos grupos separados sino a lo largo de un continuo. De ahí salió la escala de Kinsey, siete posiciones de 0 —exclusivamente heterosexual— a 6 —exclusivamente homosexual—, con una categoría aparte, la X, para quienes no declaraban ninguna reacción sociosexual. Esa X, incluida casi de pasada, es el primer registro estadístico de lo que hoy se llama asexualidad.

Dos cifras de 1948 pasaron al lenguaje corriente y las dos se citan mal. La primera es el 37 %: la proporción de varones que declaraban al menos una experiencia homosexual hasta el orgasmo entre la adolescencia y la vejez. No dice que el 37 % fuera homosexual; dice que una conducta que se consideraba rarísima era común, que es un enunciado distinto. La segunda es el 10 %, que en el texto original se refiere a los varones «más o menos exclusivamente homosexuales» durante al menos tres años entre los 16 y los 55 —una definición estrecha, acotada en el tiempo— y que el activismo de los años setenta convirtió en «el 10 % de la población es gay». Ninguna encuesta probabilística posterior se ha acercado a ese número con esa lectura.
El problema de fondo lo diagnosticó en 1954 un comité de la American Statistical Association formado por Cochran, Mosteller y Tukey, tres de los mejores estadísticos vivos. Su informe reconoce la calidad de la entrevista y demuele el muestreo: Kinsey no usó muestreo probabilístico sino grupos completos allí donde conseguía acceso —clubes, clases, asociaciones, prisiones—, con una sobrerrepresentación notable de universitarios, presos y voluntarios. Sin marco muestral no hay inferencia posible a la población, por muchas entrevistas que se acumulen; el tamaño no arregla un sesgo de selección. Kinsey murió en 1956 defendiendo que la variedad de su muestra compensaba su falta de aleatoriedad, cosa que no es cierta y que sigue siendo el error más común en las encuestas de internet de hoy.

La corrección llegó cuarenta años después. La National Health and Social Life Survey de 1992, dirigida por Edward Laumann en la Universidad de Chicago, hizo lo que Kinsey no pudo: muestra probabilística nacional, 3.432 entrevistas, tasa de respuesta cercana al 79 %. Sus resultados sobre orientación son mucho más bajos —en torno al 2,8 % de varones y al 1,4 % de mujeres se identificaban como homosexuales o bisexuales— pero el hallazgo importante es otro y es conceptual: conducta, deseo e identidad no coinciden. Alrededor del 9 % de los varones declaraba alguna conducta con otro varón desde la pubertad, cerca del 8 % declaraba atracción, y solo esa fracción pequeña se identificaba con la etiqueta. Los tres círculos se solapan poco. La British Natsal de 1990, con 18.876 entrevistas, encontró el mismo patrón en Reino Unido.
Ese resultado tiene una consecuencia que ordena toda la discusión posterior: no existe «la» prevalencia de la homosexualidad, existen tres prevalencias distintas según lo que se pregunte, y la diferencia entre ellas no es error de medición sino información sociológica. Cuanto más estigmatizada esté la identidad en un contexto, más se separa de la conducta; el hueco entre ambas mide el coste social de la etiqueta, no una inconsistencia de los encuestados. A esto se suman los efectos de modo: preguntar en voz alta a un entrevistador, en papel cerrado o en un ordenador sin nadie delante da respuestas sistemáticamente distintas, y la introducción de cuestionarios autoadministrados informatizados en los años noventa subió las declaraciones de conductas estigmatizadas de forma consistente. Parte de cualquier serie temporal larga es cambio de instrumento, no cambio de sociedad.
Con eso en la mano se pueden leer las cifras actuales sin aspavientos. Gallup mide identificación LGBTQ+ en Estados Unidos desde 2012, cuando salía un 3,5 %; en 2026 sostiene un 9 %, con un 23 % entre los menores de treinta y un 2 % entre los mayores de sesenta y cinco. Es un gradiente demasiado abrupto para ser un cambio de conducta y demasiado estable entre oleadas para ser ruido. La explicación que mejor encaja con los datos —y la que la propia serie sugiere al desagregar: casi todo el crecimiento está en la categoría bisexual— es que lo que aumenta es la disponibilidad y el coste declarativo de una etiqueta, no el número de personas con un determinado deseo. Es exactamente lo que cabía esperar de una categoría inventada hace siglo y medio que sigue extendiéndose desigualmente por la población. Medir la sexualidad, en definitiva, es medir las palabras de las que dispone quien responde.
La invención de la heterosexualidad – La hipótesis represiva – La asexualidad, una identidad nacida en internet – Encuesta – Sesgo de selección – Diseño muestral – Orientación sexual – Bisexualidad – Historia de la sexología
Fuentes
- Alfred C. Kinsey, Wardell B. Pomeroy y Clyde E. MartinSexual Behavior in the Human MaleW. B. Saunders, Filadelfia1948
- Alfred C. Kinsey et al.Sexual Behavior in the Human FemaleW. B. Saunders, Filadelfia1953
- William G. Cochran, Frederick Mosteller y John W. TukeyStatistical Problems of the Kinsey Report on Sexual Behavior in the Human MaleAmerican Statistical Association, Washington1954
- Edward O. Laumann, John H. Gagnon, Robert T. Michael y Stuart MichaelsThe Social Organization of Sexuality: Sexual Practices in the United StatesUniversity of Chicago Press, Chicago1994
- Kaye Wellings et al.Sexual Behaviour in Britain: The National Survey of Sexual Attitudes and LifestylesPenguin, Londres1994
- Anthony F. BogaertAsexuality: Prevalence and Associated Factors in a National Probability SampleThe Journal of Sex Research 41(3), pp. 279-2872004
- GallupLGBTQ+ Identification Holds at 9% in U.S.Gallup News, Washington2026
- Tom W. SmithAmerican Sexual Behavior: Trends, Socio-Demographic Differences, and Risk BehaviorGSS Topical Report 25, NORC, Chicago2006