5 min
Editar

Canon de proporciones

Un canon de proporciones es un sistema de reglas que fija las medidas relativas de las partes del cuerpo humano en su representación. La palabra griega kanon significa regla o vara de medir, y el sentido literal es el pertinente: un canon no describe cómo son los cuerpos, prescribe cómo se dibujan, y funciona expresando cada medida como múltiplo o fracción de una unidad tomada del propio cuerpo —la cabeza, el pie, el puño, el dedo—. Esa recursividad es lo que lo hace utilizable a cualquier escala, desde una figurilla hasta un colosal, y lo que lo convierte en un instrumento de taller antes que en una teoría estética.

El primer sistema documentado y el más estable es el egipcio, y su estabilidad es lo llamativo: durante casi tres milenios la figura humana se traza sobre una retícula cuadriculada en la que la altura desde la planta hasta la línea del cabello equivale a un número fijo de cuadros —dieciocho en el canon clásico del Reino Antiguo y Medio, veintiuno en la revisión de la Baja Época—, y cada articulación cae en una línea prevista de la retícula. El sistema no busca el parecido con un individuo sino la corrección de un tipo, y como la retícula puede dibujarse a cualquier tamaño permite que varios talleres trabajen en un mismo muro con resultados homogéneos y que una figura se amplíe sin recalcular nada. Es, en términos actuales, un formato de intercambio.

El hombre de Vitruvio de Leonardo da Vinci, figura masculina inscrita en un círculo y un cuadrado
Fig. 1 Leonardo, Hombre de Vitruvio (h. 1490). Vitruvio había afirmado que el cuerpo bien proporcionado se inscribe a la vez en el círculo y en el cuadrado, y varios lo habían intentado sin que las dos figuras encajaran. La solución de Leonardo es que no comparten centro: el del cuadrado está en el pubis y el del círculo en el ombligo, con lo que el cuerpo tiene que abrir brazos y piernas para pasar de una figura a la otra. Las anotaciones invertidas alrededor son la tabla de medidas, expresadas en fracciones de la altura.Leonardo da Vinci · 1492 · Dominio público · Wikimedia Commons

La versión griega introduce un cambio de fondo. El Canon de Policleto, tratado perdido del que solo quedan referencias y cuya materialización fue el Doríforo, no parte de una retícula externa sino de la symmetria: la conmensurabilidad de todas las partes entre sí, de modo que cada medida guarde una razón con la siguiente y con el conjunto. Galeno, al resumirlo, lo formula como una serie de relaciones —dedo con dedo, dedos con la palma, palma con el antebrazo— y la fuente antigua atribuye a Policleto la sentencia de que la perfección resulta de muchos números. Lo que cambia respecto a Egipto no es la aritmética sino la ambición: el canon deja de ser un procedimiento de taller para convertirse en una tesis sobre en qué consiste la belleza, y esa tesis —que la belleza es una relación matemática y no una impresión— gobernará la teoría del arte occidental hasta el siglo XVIII.

Vitruvio recoge la idea en el libro III de De architectura y le añade el giro que la hará famosa: las proporciones del cuerpo humano bien formado son el modelo de las proporciones del templo, y el cuerpo con los miembros extendidos se inscribe en el círculo y en el cuadrado, las dos figuras perfectas. El Renacimiento tomó ese párrafo como programa. Leonardo lo dibuja hacia 1490 resolviendo el problema geométrico que sus predecesores no habían resuelto; Alberti mide estatuas para deducir un canon empírico; y Durero publica en 1528 los Cuatro libros de la proporción humana con un planteamiento distinto y más moderno: en lugar de un canon único, varios —figuras esbeltas, robustas, infantiles— y un método para deformarlos sistemáticamente, con lo que la proporción pasa de norma a variable. La misma tradición llega hasta el siglo XX en el Modulor de Le Corbusier, que combina las medidas de un hombre de un metro ochenta y tres con la sección áurea y las aplica al diseño de viviendas.

Y en el Modulor se ve con claridad la objeción principal a todo el planteamiento, porque ahí es donde el canon deja de ser un dibujo y empieza a construir edificios. Un canon presenta como natural un cuerpo que es una elección: masculino, adulto, europeo, atlético y de una estatura concreta. Cuando se usa para representar, esa elección produce un tipo ideal y todo lo demás queda como desviación; cuando se usa para dimensionar el mundo físico —una altura de encimera, un ancho de asiento, un techo— produce entornos que se ajustan a un cuerpo y estorban a los demás. La antropometría contemporánea trabajó con esa crítica y la resolvió en parte por vía estadística, sustituyendo el hombre ideal por distribuciones de percentiles medidas en poblaciones reales, y el diseño posterior ha ido más lejos con la idea de que el criterio no debe ser el usuario medio sino el rango de usuarios. Es una historia con moraleja: el canon fue durante milenios una herramienta excelente para su función original, que era enseñar a dibujar y garantizar la homogeneidad de un taller, y se volvió problemático exactamente cuando se le pidió que dijera qué es un cuerpo normal.

Conviene añadir que el canon nunca fue tan obligatorio como su nombre sugiere. Los propios griegos lo alteraron en cuanto convino: Lisipo estiliza la figura y adelgaza la cabeza para ganar esbeltez, la escultura helenística exagera musculatura y torsión, el gótico alarga los cuerpos hasta proporciones de nueve o diez cabezas por razones de emplazamiento arquitectónico, y el manierismo hace de la desproporción un valor expresivo. El escorzo introduce además un problema que ningún canon frontal resuelve, porque las medidas cambian con el punto de vista. La conclusión práctica que sacan los manuales de dibujo desde el siglo XIX es la razonable: el canon —hoy suele enseñarse el de ocho cabezas para la figura adulta y el de siete y media para una más naturalista— sirve para detectar errores, no para producir aciertos.

Trazado reguladorComposición plásticaEscorzoObra de arteManierismo

Sarasola, Josemari (2026). "Canon de proporciones". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/canon-de-proporciones/

Una errata, un dato desfasado, un párrafo que falta: edítalo y la redacción revisa tu propuesta.

Sugerir una mejora
§ Tres puertas

¿Por dónde sigues?